3ª Etapa:Vivac en la montaña

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Viernes 7 de Febrero del 2014

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“Refugio de Pescadores.” Eso es lo que pone un cartel en la fachada de una cabaña de piedra al otro lado del río. El otro día ya había visto en el mapa el símbolo de este refugio pero no lo había visto porque desde el otro lado de la carretera no se ve bien. Es hora de comer y este podría ser un buen lugar para refugiarme de la nieve mientras como.

Me acerco al cristal de la luna del piso superior  con las manos tapando la claridad para poder ver en el interior. A través del poco espacio que hay entre el marco y una cortina puedo ver que dentro hay una mesa con una vela y un banco. En la pared hay papel pegado que pone que el refugio no se abre hasta las 12 de la mañana, miro el reloj y compruebo que efectivamente está cerrado con llave. La verdad es que no me esperaba algo así. Es la primera vez que veo un refugio de pescadores, no se porqué tenía la imagen de que sería poco más que una marquesina en la que poder refugiarse de la lluvia y como mucho tendría una mesa y banco para sentarse. Me pregunto que uso tendrá este edificio a parte de parar a descansar un rato.

Sigo el sendero que va por este lado del río hasta que al llegar a Las Salas regreso a la ruta. Sigue nevando aunque ya con menos intensidad que cuando me paré a comer y el camino parece que está mejor que hace dos semanas. Al pasar un charco veo una huella de bicicleta en el barro y por u momento pienso que no soy el único loco al que le ocurre pasear por ahí con este tiempo. Pero no tardé ni en dar dos pedaladas cuando me doy cuenta de que son las huellas que dejé hace dos semanas.

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De nuevo estoy en La Remolina, el pueblo en que me tuve que dar la vuelta la otra vez, pasada la iglesia paro a un hombre que baja por la calle y le pregunto por dónde va la gr-1. Reconozco que debí plantear mal la pregunta. Porque el hombre no sólo me explicó por donde salía del pueblo, que era lo que realmente quería saber, si no que me contó el camino que tenía que seguir los próximos diez kilómetros hasta el siguiente pueblo. Continuo mientras repaso mentalmente los detalles más importantes de las indicaciones antes de que se acabe el asfalto y casi nada más salir del pueblo ya tengo que empujar la bici. Tantas piedras sueltas, barro y agua corriendo por el camino hace que sea imposible avanzar. Y aunque fuera posible con esta pendiente no creo que aguantase más de 100m sin tener que echar pie a tierra.

En el camino hay muchas huellas de botas y par de rodadas de un todoterreno. Puedo avanzar, despacio y con mucho esfuerzo pero puedo avanzar. Hasta que llego a un cruce con una portilla de madera que el hombre me había descrito con pelos y señales. Incluso me dijo hacia donde estaría cerrada. Las huellas de botas dan la vuelta aquí y las rodadas del todoterreno que ya casi no se ven no continúan por donde está marcada la ruta, si no que van por otro puerto algo más bajo que también va a dar al mismo sitio dando un rodeo de varios Km. Me apoyo en la portilla a pensar cuales son mis opciones mientras miro el mapa. En realidad sólo tengo dos opciones. Continuar siguiendo las rodadas o dar la vuelta. Estoy a más de 1200m y ya hay 20cm de nieve por lo que pasar la collada de Mostagerosa a 1583m es imposible. Ya me parece muy casi imposible pasar por el otro puerto que está a 1498m. Todo depende de cuanta nieve haya por que estas rodadas medio tapadas no a serán de demasiada ayuda. Aunque este lugar es el típico en que se acumula mucha nieve por lo que mejor no juzgo lo que me queda. Lo que si está claro es que 250m más arriba habrá más del doble de nieve. La cuestión es como de dura estará. ¿Seré capaz de caminar sobre ella sin hundirme demasiado? ¿Seré capaz de distinguir el camino? Si decido continuar siguiendo las rodadas pierdo la ayuda de los postes direccionales y voy a depender por completo de mi habilidad para navegar y este valle que en condiciones normales no tiene pérdida porque sólo hay dos opciones, arriba o abajo. Pero con nieve se puede convertir en un lugar peligroso si las rodadas siguen un camino que no está marcado o por otro diferente y no me doy cuenta. Afortunadamente voy a avanzar tan despacio que voy a tener mucho tiempo para mirar el mapa y asegurarme de donde estoy además siempre que siga avanzando cuesta arriba si me decido regresar como es cuesta abajo llegar hasta La Remolina sólo me costaría una fracción del esfuerzo que es necesario para subir.

Ahora ya sólo se ven las huellas de los ciervos en la nieve de vez en cuando. La nieve está bastante dura pero en seguida tengo que bajar la cabeza y concentrarme para poder avanzar cien pasos. En una curva en la que el camino pasa por un arrollo el agua no deja que la nieve cuaje y aprovecho para apoyar la bici contra una piedra. A partir de aquí tendré que seguir por partes. Me pongo la mochila al hombro y me cuelgo las dos alforjas traseras de un par de anillas que tiene la mochila. Intento llevar la cuenta de los pasos que voy dando para no alejarme demasiado de la bici. Aunque este truco tiene dos funciones. Es una manera de tener control sobre el esfuerzo. Si no puedo evitar perder la cuenta, o cuento de más es señal de que el agotamiento me está afectando demasiado.

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En una curva bajo un roble, el camino llanea y se ensancha hace poco que perdí la cuenta pero debe ir por los mil pasos. Dejo sobre la nieve las dos alforjas y la mochila y marco con mis huellas un cuadro de dos metros por dos metros aproximadamente. Con calma voy pisando la nieve haciendo una hera sobre la que poder caminar con cierta comodidad y sobre la que montar la tienda para hacer vivac. No creo que pueda avanzar mucho más hoy. Estoy cansado y cuando llegue hasta aquí con la bici lo estaré aún más.

De vuelta en dirección a la bici camino con cuidado de pisar entre las huellas que dejé en la subida para no tener que levantar tanto las rodillas cuando tenga que volver a subir. Tardo un buen rato en llegar hasta la bici, que estaba más lejos de lo que esperaba. Coloco las alforjas pequeñas en la parte de atrás y comienzo a subir empujando la bici con cuidado de llevarla lo más recta posible y evitando que la rueda delantera se hunda en la nieve. Además tengo que tener cuidado de que la rueda trasera pise sobre la rodada de la rueda delantera de este modo la bici casi no se hunde y puedo avanzar mejor.

Llego a la hera, descuelgo las alforjas y aún casi in aliento dejo caer mi peso sobre la rueda trasera que se hunde en la nieve dejando clavada la bici.

Ahí te quedas. –Pienso mientras  sacudo una de las alforjas grandes para sentarme a recuperar el aliento.

Tengo hambre y ya son casi las seis de la tarde. Quedan poco menos de dos hasta la puesta de sol y no pude llegar al puerto por lo que tengo que hacer vivac aquí e intentar terminar el ascenso mañana.

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