El museo y los gatos

admin Post in susonotabi,Tags: , , ,
3

Ya llevo unos días en KL y no puedo decir que todo sea perfecto, hay dos problemas con la ciudad para uno ya estaba más o menos preparado, pero el otro fue una gran sorpresa.

KL es el lugar más incómodo para los peatones en los que he estado nunca, los pasos de cebra son anecdóticos y solo existen en lugares muy pero que muy concurridos, el funcionamiento de los semáforos es un misterio y plantearse ir caminando a algún sitio puede ser toda una aventura desorientadora. Ayer, decidí acercarme a un grupo de museos durante el día para no estar todo el día encerrado, así que tomé el monorrail hasta una estación a 800m escasos de la entrada de los museos, pero una calle/autopista se interponía entre mi camino. Dando un tremendo rodeo conseguí llegar hasta los museos y me pasé unas cuantas horas curioseando y comiendo. Pero después de unas horas tocaba el camino de vuelta. Tranquilamente me fijé en la gente que había por la calle y como vi que cuatro o cinco personas tomaban la misma dirección decidí seguirlos, y descubrí así la ruta corta para llegar desde la esetación de trenes hasta el museo. Una ruta en la que hay que cruzar la calle cuatro veces por lugares sin pasos de cebra y caminar un buen pedazo por un tramo de calle sin acera, para acceder al “aparcamiento de un hotel” cruzar por el subterraneo y aparecer así frente a la estación.

Pero bueno ahí se quedan las quejas y en el fondo no es más que otra anécdota más del viaje. En zonas mas céntricas y transitadas el tráfico está pacificado y aunque los conductores malayos tienen su propio código de circulación las calles no son el infierno que puede parecer y la coexistencia entre coches y peatones es más o menos llevadera.

La visita que hice fue al museo Nacional de Kuala Lumpur, y sinceramente esperaba un poco más, pero me lo pasé bien de todos modos. Estando en la salas de etnografía asusté a unos turistas japoneses cuando su guía refiriéndose a mi les dijo que me hiciesen un poco de sitio para que pudiese entrar en la sala a lo que yo contesté que no se preocupasen que saliesen tranquilamente que esperaría a que saliesen. La cara de susto del guía era para verla y las señoras que lo escuchaban atentamente se partieron de risa mientras los señores, que en su mayoría no le estaban prestando atención al guía para nada se preguntaban unos a otros que era eso tan gracioso que había pasado.

 

Después de visitar las exposiciones permanentes me acerqué a visitar una de las salas con exposiciones temporales, (resultó ser más interesante que la permanente) donde había una exposición sobre las puertas y arcadas de madera malayas. Mientras echaba un vistazo a todas las puertas talladas e investigaba las diferentes maderas con que habían sido construidas, una gata entró en la sala. Comenzó ahí la visita de la gata que recorrió toda la sala olisqueando los marcos de la puerta y colándose por detrás y por debajo de todas las rendijas hasta que se aburrió de investiga y salió por la puerta de nuevo.

Yo también salí por la puerta y aproveché a que pronto ser iría el sol para acercarme hasta la torre Kuala Lumpur para ver el atardecer y las luces de la ciudad. También hice las fotos de las torres petronas que están el primer set.

Por cierto en la plataforma de observación de la torre me volví a tropezar con el mismo grupo de turistas de antes.

« Prev: :Next »

3 Responses to “El museo y los gatos”

Leave a Reply