9ª Etapa: La rana en la rama del cerezo

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Viernes 17 de Septiembre del 2010

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Después de la tormenta viene la calma y cuando salgo a la calle a por la bici con las alforjas al hombro a parte de cyanopica me espera un sol esplendido y un precioso cielo azul adornado con unos inofensivos cúmulos. Me alejo del hotel caminando en dirección al taller que había visto el día anterior. En la entrada, un señor mayor sentado en un taburete de madera vestido con un mono terminaba de arreglar un pinchazo en la bicicleta mientras la dueña esperaba mirando aburrida un descolorido poster que estaba pegado en el escaparate.

Buenos días –digo al acercarme lo suficiente como para que mi voz se escuchase por encima del ruido de los coches-

Buenos días –contesta el mecánico mientras agarra la manguera del aire para dar aire a la rueda de la bici que está arreglando- ¿Un pinchazo? Me pregunta mientras entrega la bicicleta recién arreglada.

-No, en realidad quería cambiar la cubierta- Le digo mientras se acerca a mirar la rueda.

El hombre corre la puerta de la entrada y me invita a pasar con la bici mientras busca entre un montón de cubiertas que cuelgan del techo. Una señora mayor sale de la nada baja unos escalones se calza unos zuecos y se acerca a mi sonriente mientras desengancho una de las bolsas para quitar mejor la rueda.

La señora agarra una banqueta y tras los saludos de rigor me la acerca para que deje mis cosas allí. Ya había comenzado el interrogatorio cuando el mecánico descuelga una cubierta y se acerca a preguntarme si quiero cambiar también la cámara. Mientras explico que es lo que quiero ella desaparece por donde había venido.

Me siento en una silla plegable mientras cambia la cubierta y entonces la señora reaparece con un sobre e la mano.

-Es para que te prepares sopa miso- Me dice mientras me ofrece el sobre con ambas manos.

Durante mi primer viaje me habían regalado mucha comida a veces tanta que a penas podía transportarla pero por estos sobres estoy especialmente agradecido porque me facilitaron la vida especialmente. Sobretodo en las zonas más despobladas de Hokkaido. Desafortunadamente Iwaki es uno de los lugares donde el terremoto y el tsunami golpearon con fuerza además no está demasiado lejos de la central nuclear. Posiblemente esté en el limite de la zona de exclusión.

El viaje continúa con normalidad aunque gracias a la inesperada estancia en el hotel y al desgaste excesivo de la rueda trasera soy un poco más pobre.

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Cruzo toda la zona portuaria e industrial de Ueda hasta una península al norte del puerto (cabo Misaki). Mientras asciendo hasta lo alto de la colina para contemplar el paisaje pasando por un parque muy peculiar. Empujo la bici distraído admirando los diferentes animales salvajes convertidos en mobiliario urbano, cuando una señora que agarrada a un carricoche vacío contemplaba como un niño y su madre jugaban en la acera se acerca a mi sonriente y me saluda. (Se ve que esta mañana atraigo a las señoras, va  a ser gracias a la ducha y a haberme afeitado).

No le dio a la mujer demasiado tiempo a sorprenderse de que pudiese mantener una conversación en su idioma cuando se nos unió la otra mujer que estaba jugando con el niño, que ahora me observaba desde detrás de la pierna de su madre.

Hablábamos sobre mi tema de conversación favorito, cuando se nos unió una tercera mujer que tras presentarse dijo lo que estaban haciendo allí. Pude notar como las otras dos mujeres se sintieron un poco incómodas por el cambio de tema de conversación. Pero yo no pude comprender lo que me había dicho así que cuando le pedí que me lo explicase con otras palabras.

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Estudiamos la biblia –dijo acortando bastante lo que había dicho antes y de lo que yo no me había enterado de nada-

Ah, ya entiendo… -que interesante, cualquiera diría que estabais dando un paseo y jugando con el niño-

Después de satisfecha la curiosidad sobre mis creencias religiosas, la conversación regresó a temas de conversación que tengo mucho mejor estudiados por la experiencia. Me resulta especialmente gracioso el interés que tienen las mujeres de cierta edad por la nutrición de los susos, ya que suele ser un tema recurrente  tenga que explicar como me las arreglo para alimentarme mientras viajo. Supongo que la diferencia de edad hace que aflore el instinto maternal. Antes de irme me dieron un tríptico otoñal muy otoñal y el niño antes de que me fuese me dio unas galletas saladas para el viaje y yo le correspondí regalándole la primera cigüa del viaje. Espero que haya cumplido con su función protectora y ahora estén todos bien.

Desde el parque Misaki unas fabulosas rejillas de desagüe me llevaron a la playa de Usuiso y las imágenes que el hierro fundido coloreado prometía no me defraudaron. Una playa desierta, arena blanca, acantilados de arenisca y un pequeño puerto. Lamentablemente había casi tantos cuervos como gaviotas pero se podía aguantar.

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Me alejo de las colinas y de las playas y me acerco a ver un túmulo funerario de Kabutotsuka. Un monumento nacional solitario entre los arrozales regados por las aguas del río Natsui. Esta tumba de 30m de diámetro y 8 metros de altura data del siglo VI y fue designada monumento nacional en 1923, cuando aún estaba coronado por un pino japonés de 300 años.

kabuto_kofun0 Los habitantes de Iwaki veneraban este árbol al que llamaban Happonirami no matsu (que viene a significar el pino que mira a todas partes). Lamentablemente en los años 50 una plaga de gorgojos acabó con el pino. Supongo que el pequeño pino que hoy se puede ver sobre el túmulo sea un esqueje del anterior.

En este vídeo el minuto 1:30 aproximadamente sale el pino Happonirami.

Continúo en dirección a Iwaki y antes de entrar en la ciudad me paro en un monasterio budista a escapar del calor mientras hago unas fotos. Estoy seguro que el lugar tiene una historia tan fascinante como el túmulo de antes pero reconozco que me fascinan esos sitios arqueológicos, sobretodo si están aún sin excavar e intactos.

escanear0145Después de perderme y de dar varias vueltas absurdas por el centro de Iwaki comienzo a remontar el curso del río Natsui por una carretera secundaria que se adentra en las montañas. Una línea de tren muy pintoresca se entrecruza con la carretera en múltiples lugares mientras las vías pasan de puente en puente y de túnel en túnel. Parece como si el trazado quisiese hacer pasar a los trenes por debajo de cada uno de los cerros.

Hoy no sólo me acompaña un tiempo esplendido si no que además tengo la suerte de encontrarme con un camping gratuito a la orilla del ruidoso río Natsui. Cuelgo mi hamaca entre dos árboles y me preparo para intentar descansar si es que la nube de mosquitos que me rodea me lo permite.

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