46ª Etapa: Paleando nieve (雪かき)

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Lunes, 11 de Enero del 2009.

 

Estaba terminando de vestirme cuando por megafonía mi estómago oye la llamada del desayuno. Me siento en la mesa junto con los otros cuatro huéspedes que tiene hoy el albergue a disfrutar de un copioso desayuno. Mi mente aun no está completamente despierta aunque en mi interior ya se empieza a acumular una considerable cantidad de manjares mañaneros. El dueño del albergue trae una última bandeja mientras todos hablamos alegremente al calor de la chimenea.

 

-¿que tiene pensado hacer hoy Gonzalez-san?- me pregunta el dueño con rostro muy serio, (este hombre parece que está siempre enfadado)  cuando regresaba a mi habitación arrastrando los pies dentro de una frías zapatillas de andar por casa.

-Pues no lo se, aun no he mirado el mapa así que no tengo nada decidido-

-Está nevando Gonzalez-san- Entonces miro por la ventana y veo como caen copos de nieve, me acerco a la ventana y veo un pequeño termómetro –4º. Un escalofrío recorre mi espalda mientras sentado en el genkan me ato los cordones para ver como está todo.

En la calle había unos 15cm de nieve, nada que no pueda manejar, pero estaba nevando mucho.

Me sacudo la nieve de la chaqueta me y me acerco al mostrador de recepción donde el dueño me mira por encima de sus pequeñas gafas de leer.

-Voy a intentar pasar el puerto, si veo que no puedo volveré hasta aquí y lo intento mañana-

-Pero hoy cerramos, que nos vamos a ver a unos familiares.- Por primera vez cambia la expresión del dueño mientras se queta las gafas que parece que le estorban más que le ayudan.

Me quedo unos instantes sin saber que hacer, vuelvo a mirar por la ventana.

-No se preocupe, ya me las arreglaré- Digo mientras voy a mi habitación a prepararme para el temporal.

Monto con cuidado las alforjas la tienda y la bolsa del manillar, impermeabilizada con una bolsa de plástico. Estoy casi a punto de salir cuando el dueño abre la puerta y mira al cielo.

-Toma- y me acerca una bolsa de plástico-Son hoshikaki-

-Gracias, los tengo visto colgados de las casas, pero aún no los había probado- respondo mientras los guardo en las alforjas.

Tapado hasta las orejas bajo hasta la nacional andando con cuidado de no resbalar. Cruzo la carretera por donde se supone que hay un paso de peatones y monto en la bici. Tal y como esperaba patino un poco al ponerme en marcha pero avanzo sin demasiados problemas.

Sorbete de Emebeka

Los lugareños me miran mientras palean la nieve de las aceras. Pedaleo por la ciudad y dejo atrás Shimosuwa, la última estación de la Koushuu kaidou. Antes de salir de la ciudad una tienda de bicis se cruza en mi camino, y no pierdo la oportunidad de parar a por unos radios de repuesto. Desmonto de la bici, la empujo hasta la entrada y pregunto al mecánico que se acerca a mi desde dentro.

-Buenos días, ¿Tendrías radios de esta medida?- pregunto mientras me destapo un poco para parecer un ser humano en lugar de una momia. El mecánico no me contesta, mira mi bici y agarra la pistola de aire comprimido, la enchufa en el tubo del aire y sopla la nieve de la bici. No me había dado cuenta, pero la bici y yo, ya teníamos varios centímetros de nieve sobre nosotros.

-Un momento- dice el mecánico mientras yo me sacudo la nieve de mis hombros.

Pronto sale con un par de radios, se agacha junto a la rueda, se asegura de la longitud.

-¿Queda mucho hasta al alto Shiojiri?- pregunto mientras cojo mis radios.

-5Km y 300m- me contesta mientras le pago y me subo de nuevo a la bici.

Reanudo la marcha, mas o menos confiado hasta que la cosa se pone cuesta arriba y me doy cuenta de que si me paro me va a ser muy difícil volver a ponerme en marcha.

Paro bajo la autopista, hecho un buen trago de agua cojo carrerilla y empiezo a pedalear con brío mientras la rueda delantera corta la nieve y las punteras de mis zapatos rozan la nieve fresca con cada pedalada.

Este tramo que en condiciones normales habría subido en 15 minutos me costó más de media hora, y esto solo era el principio. Bajo el puerto con mucho cuidado mientras los copos de nieve se empeñan en pegarse a mis gafas haciendo que tenga que echar un dedazo de vez en cuando para poder seguir viendo por donde está la carretera.

En la bajada, paro en un área de descanso a ver si mejora un poco de tiempo, y desayuno por segunda vez. Cruzo el aparcamiento helado, dejo la bici en el fondo de las escaleras y subo. En la entrada una tienda de productos locales, mas allá un restaurante y unas máquinas de bebidas frías y calientes.

Saco un bote de cacao bien caliente y me lo tomo mientras, veo la nieve detrás de los cristales de la ventana.

Al fondo tras los estantes hay unas sillas y un par de ordenadores, me acerco y creo intuir que son para consultar el tiempo, pero no estoy del todo seguro. Antes de meter la pata, me acerco a un hombre que parece trabajar allí.

-Disculpa, ¿puedo usar el ordenador?-

-Si, claro- me responde mientras me acompaña hasta la mesa.

-¿Que vienes en coche?- me pregunta mientras mueve el ratón para sacar al pc de su letargo.

-no, en bici-

Era la primera vez que veía un cicloturista viajando con nieve, me dice mientras charlamos sobre mi viaje y investigamos como va a evolucionar el tiempo. De pié junto a la estufa seguimos hablando de nuestras cosas hasta que el cielo azul asoma entre las nubes, es hora de continuar, aunque no sin antes guardar unos dulces en las alforjas. Me encanta que me regalen comida, creo que no hay otro regalo más adecuado para este tipo de viaje.

 

Termino de bajar el puerto hasta la ciudad de Shiojiri y me olvido de la nacional 20 para continuar por la nacional 19. No pierdo demasiado el tiempo y pedaleo junto a los campos cubiertos de nieve mientras me acerco una vez más a las montañas. Una pendiente mas o menos relajada me va acercando al túnel bajo el monte touguesan, mientras por la otra ladera pasa el tren bala dejando una nube de cristales de hielo a su paso.

El interior del túnel es un autentico peligro, gracias a las agradables temperaturas bajo cero de las que disfruto todos los pequeños manantiales que en condiciones normales harían un bonito charco de barro ahora forman pequeños montones de hielo y alguna que otro carámbano capaz de dejarme KO si le da por dejar de desafiar a la gravedad.

A la salida del túnel estoy en otro valle, el riachuelo que se intuye en el fondo del valle es el rio Kiso, que desembocará en la bahía de Tsu unos cuantos cientos de kilómetros al suroeste y unos mil metros mas abajo.

Sin pararme un momento, y casi sin esfuerzo llego a Harano, un pueblo no demasiado grande en medio de las montañas con una gasolinera un semáforo varios hoteles, mucha mucha nieve y mi albergue, en algún lugar allá arriba en la montaña.

Nada más salir de la nacional, se termina el asfalto, en realidad puede que siga habiéndolo pero no se ve bajo la nieve compactada por las ruedas de los coches que pasan de vez en cuando. Subo por la falda de la montaña pedaleando con cuidado de no patinar y quedarme clavado hasta que veo el cartel del albergue bajo la nieve.

Desmonto, y camino con cuidado frente a la casa, todo está rodeado de nieve, pero en el caso del albergue, la nieve está fresca, no hay huellas por ninguna parte. Empiezo a inquietarme, cuando subo unos escalones hasta la entrada. La puerta de corredera estaba cerrada. Sacudo mis botas agarro la puerta y la abro.

-¿Hola?- digo mientras asomo la cabeza al interior.

-Irashai (benvenido)- me da la bienvenida una señora, que sale andando despacio de algún sitio entre la oscuridad.

-Quería pasar la noche- digo mientras doy unos paso hacia el interior.

-Un momento que encuentre un lápiz- dice con una papel en la mano, mientras yo me empiezo a desatar los cordones.

-¿Hay cena?-, digo mientras señalo con el lápiz ansioso por hacer un circulo sobre ese símbolo.

-Lo siento pero no damos comidas- me dice mientras termino de rellenar la tarjeta.

-¿Hay algún lugar donde pueda resguardar la bici de la nieve?- pregunto mientras la señora guarda la tarjeta y el lápiz.

-Tiene que ser duro viajar en bicicleta me dice- mientras me muestra un cobertizo en la parte de atrás de la casa.

IMGP0839

Empujo la bici por detrás del albergue que está rodeado de un palmo de nieve. Desde una ventana la señora me india donde puedo dejar la bici. En el cobertizo, veo una pala.

-Si quiero le puedo palear la nieve hasta el camino-Digo girándome hacia la señora.

-Sería de gran ayuda- contesta  mientras una sonrisa se dibuja en su cara.

durante una hora abro un sendero hasta el camino, despejo el tendedero y aparto la nieve de las macetas hasta que se hace de noche y tengo que dejar la pala otra vez en su sitio.

Abro la puerta de atrás. Me siento en el genkan a desatarme los cordones.

-Po favor, pasa a cenar conmigo- me dice mientras dejo mis botas en el armario de la entrada.

Mi calculada buena obra me había librado de un viaje de ida y vuelta a Harano sobre el hielo. Sobre la mesa me esperaban unos humeantes y deliciosos espaguetis.

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