44ª Etapa: Isawa Onsen.

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Sabado, 10 de Enero del 2009.

sagamiko

Aún era de noche cuando salí del saco y me vestí todo lo rápido que pude. Nada de lo que había dejado fuera se había secado. Sólo los calcetines que durmieron con migo están secos. Guardo todo en las alforjas recojo la tienda y voy a dar un paseo por el muelle antes de salir.

El hielo se rompe y cruje mientras camino con las manos en los bolsillos de la chaqueta y la con la cámara de fotos colgada del cuello. Saco algunas fotos y voy a el Konbini a comprarme unos guantes.

Los primeros rayos de sol del día sublima la escarcha que adorna las ramas desnudas de los árboles. Hago lo posible por controlar mis impulsos de pedalear más rápido, y es que otra vez vuelvo sentir lo mismo que ayer cuando empezó a nevar.

Me alejo de Sagamiko y puedo contemplar una mejor perspectiva del pantano, junto a un puente. Me paro para hacer unas fotos y en el momento que pongo el pié en tierra resvalo y me caigo. El suelo no sólo está frio también está duro, y es que acabo de picar como si fuese novato, pisando una plancha de hielo claro. Que no se distingue de un charco de agua en nada, pero no es normal que haya agua líquida a –4 grados.

La Koushuu kaidou se enreda en las montañas subiendo y bajando, cruzando arroyos y ríos. Dejo atrás muchos pueblos, muchas casas y pequeñas ciudades donde la actividad es frenética. Los lugareños me miran mientras limpian las aceras frente a sus casas y negocios. dejando ordenados montoncitos de nieve, que se derriten a medida que el sol asciende. Emebeka-dono se resiente del peso extra (la ropa mojada pesa bastante más que la seca) y tengo que entrar a boxes. Con su mono rojo de Yamaha, el mecánico de taller de motos perdido en mitad de la nada, me acoge de buena gana. Mientras recompone una vespa yo desmonto la rueda, y cambio el radio.

El mundo ideal en el que estaba viviendo hasta ahora llega a si fin cuando salgo de Ôtsuki, y bajo hasta el fondo del valle. Comienzo la subida del puerto de Sasago (笹子峠) al principio una suave brisa me limpia el polvo del camino de la cara. Pero a medida que gano altura el viento se revela y me hecha un pulso. Rendido termino de subir los últimos kilómetros luchando por mantener el equilibrio cuando las rachas me frenan hasta hacerme parar. Los últimos metros antes de llegar al Tunel los tengo que hacer andando mientras piso la nieve fresca de la cuneta.otra

La boca del tunel me hecha el aliento a la cara, cuando me asomo a su interior. Pero ya da igual porque cuesta abajo todos los santos ayudan así que pedaleo con fuerza para pasar lo más rápido posible los casi 3Km de túnel.

A la salida paro a echar un vistazo al paisaje plátano en mano. Desde allá arriba los tejados de las casas parecen las teselas de un mosaico, un pequeño mar de casas que disfruta de su cielo azul mientras las montañas contienen la tempestad. El viento sopla y sopla pero no consigue mas que hacer jirones el telón de nubes que se agarra con fuerza a las cumbres nevadas de los Alpes del sur.

Menos mal que hoy duermo a techo.

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