41.ª etapa: Yokohama, “casi na”

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Lunes, 5 de enero del 2009.

Aun es noche cuando contra mi voluntad salgo de la bañera y subo a vestirme. Esta mañana no hay perros en el comedor y no puedo disfrutar del extraño espectáculo de ayer. No tengo tiempo que perder monto en mi bici, le echó último vistazo al lago, me imagino el monte Fuji entre la bruma y regreso a la nacional.

 

Después de un repecho corono el auténtico puerto de Hakone, un lugar bastante soso si no fuese por el templo, la laguna salada y las enormes rocas de basalto con imágenes de Budha grabadas y un inquietante altar en el interior de una pequeña cueva, que conecta la carretera como en la laguna y el pequeño templo.

Durante la primera parte del descenso no hay nada, sólo árboles rocas y monte, a veces asoma el tejado alguna casa entre los cedros que no me dejan ver el fondo del valle. Una curva tras otra en el valle se hace más estrecho y los árboles parecer más altos paso por los primeros pueblos llenos de alborotados turistas que se arremolinan frente a las tiendas de recuerdos, mientras los coches intentan abrirse paso entre las pequeñas multitudes. El humo blanco de las chimeneas, y los peculiares tejados se asoman al riachuelo que ronronea entre las dos laderas. La pendientes hace más gentil y cada vez hay más casas más semáforos y menos espacio para mí y los coches. Además la rueda delantera está en las últimas la banda de rodadura está completamente gastada y ya asoman los hilos.

Tras el imprescindible segundo desayuno, aunque reconozco que hoy casi no me lo merezco, hace media hora de casi no pedaleo, paró en una tienda de bicicletas que me encuentro de camino. Con una cubierta nueva, charlo con el mecánico hablamos de lo típico, me hace una foto, y me regala un cable de repuesto antes de irme.

 

En uno de los miles de semáforos en los que me tengo que parar me alcanza un señor mayor montado en su bicicleta de carreras, ataviado con mallas de ciclista, casco, gafas de sol, guantes … "Un abuelo full equipe".

Varias veces arrancaron y pararon los coches en el semáforo mientras nosotros hablábamos. Al principio las preguntas de siempre, pero como buen abuelo me contó una corta historia de su juventud mientras rodábamos juntos hasta el siguiente semáforo.

-¿Te dedicas al ciclismo?- me pregunta mientras frenamos.

-No, sólo junto dos aficiones, viajar y andar en bicicleta.-

-Cuando era joven fui ciclista profesional. Seguro que habrás oído hablar del Tour de France.- Asiento con la cabeza muy interesado- Pues yo participe en dos ediciones, aunque en las dos ocasiones me retiré por llegar fuera de control en una etapa.- Tengo la impresión de estar ante una celebridad, no se cuantos Japoneses corrieron en el pelotón internacional pero tengo la impresión de que no habrán sido muchos, y seguro que muchos menos lo han corrido el Tour. Nos alejamos y yo sigo mascando este encuentro mientras como algo y hago una rápida visita al castillo de Odawara.

Me sumerjo poco a poco en un mar de coches y asfalto. Pedaleo durante horas entre edificios, esquivando semáforos, saltando bordillos, hasta que los carteles dejan de decirme cuantos kilómetros me quedan para Yokohama y una señal me da la bienvenida a la ciudad, aunque el paisaje es poco convincente. Mucho antes de perder la cuenta de las veces que subo y bajo y arranco, pierdo la esperanza de alcanzar antes de fin de siglo el centro de la ciudad. Recorro kilómetros y kilómetros por calles oscuras y solitarias, sólo amenizadas por las musiquillas de los semáforos. Hasta que casi sin saber como llego al albergue.

 

Después de cenar y de dejar mis cosas en el albergue me reconcilio con la ciudad pedaleando a lo largo de las largas avenidas flanqueadas por rascacielos hasta que no me queda otro remedio que regresar si no quiero ducharme.

Semidesnudo frente al espejo, me arranco la piel a tiras con una cuchilla de afeitar desechable, cuando otro huésped aún mas rezagado que yo entra en los baños. Nos saludamos y mientras el se desviste yo termino de afeitarme. Pasamos juntos al baño casi sin darme cuenta entablamos una conversación y es que nunca me habría imaginado que terminaría el día charlando con otro hombre desnudo en una bañera.

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