38ª Etapa: El triple himno

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Viernes 2 de Enero del 2009.

tsugi no eki.. tsugi no eki.. Futamicho... Futamicho...

tsugi no eki.. tsugi no eki.. Futamicho... Futamicho...

Un tren con prisa por llegar a Toba pasa sobre la ría tocando su estridente bocina y me despierta de mi dulce sueño de 18 horas. Pero algo mas desagradable me recuerda que no estoy soñando. Mis tripas rugen y la onda expansiva sacude mi saco obligándome a salir de desordenada morada. Mientras guardo las cosas en la tienda me siento como si estuviese viviendo una y otra vez el mismo día, hasta que levanto la vista sobre los juncos y veo los bosques que me rodean el viaducto de la autopista el ruido del mar y el murmullo del viento meciendo los cedros de las colinas.

Un kappumen me despega el estómago de la espalda. Nunca unos fideos instantáneos han sido tan bien recibidos en un intestino ni unas gambas deshidratadas han sido tan reverenciadas. Con las pilas cargadas y la cabeza con un bombo producto de la ingesta de sake me acerco al bullicioso puerto de Toba para comprar mi billete de ferry hacia el otro lado de la bahía. Con mi bici etiquetada y el billete pago espero sentado en el suelo con la espalda apoyada en las alforjas. Pasea un empleado de la naviera, junto a la barrera que separa el aparcamiento del mar. Los dos miramos aburridos como un padre y sus dos niños dan de comer pan a las gaviotas.

pero mira como beben las gaviotas en toba... (8)

pero mira como beben las gaviotas en toba... (8)

Casi sin hacer ruido parece un barco esquivando las islas que adornan el puerto, se acerca rápidamente hasta el puerto. El ruido se hace con el control de toda la escena y lo inunda todo con su olor a gasóleo mientras frena y se acerca poco a poco al muelle. Se escuchan unos tremendos golpes cuando por fin se detiene del todo el barco que como un monstruo, fantástico abre sus fauces. Sale una rampa de la boca del barco y vomita un coche tras otro hasta que queda vacío. Un ruido de puertas de coches abriéndose y cerrándose me rodea cuando se levanta la barrera y empiezan a dar paso a la siguiente hornada de vehículos entre los que mi se encuentra mi culo(y la bici también).

Sentado en mi asiento en la proa del barco miro por las lunas salpicadas de agua de mar y me pregunto como habrá llegado hasta allá arriba el agua. No parece que esté lloviendo al otro lado. Los islotes se mueven por las ventanillas y poco a poco el barco se aleja del puerto.

El primer meneo me pilla un poco desprevenido mirando la tele, pero regularmente el barco pega un buen bote lanzando al aire una cortina de espuma blanca. Tanto meneo no puede ser bueno para mi resaca y el kappumen empieza a reorganizarse en mi interior. Pasan unos minutos hasta que empiezo a acostumbrarme a los vaivenes y al estruendo que hacen las olas al chocar contra el casco. Me relajo y miro la tele. Una hora de brincos más tarde el barco atraca en Isewan. Consuelo a Emebeka-dono que ha tenido muy mal viaje, (la moto que tenía al lado la miraba mal). Esperamos juntos a que nos den permiso para salir del barco y el viento nos da un buen guantazo en cuanto pisamos el asfalto del aparcamiento.

irago

irago

Pasamos juntos junto al faro y salimos a la carretera nacional que nos espera con una agradable cuesta arriba. Ascendemos contemplando a la gente que pasea a sus niños y juega con sus perros en las pequeñas playas que se ven al fondo del acantilado. Desde lo alto de la colina hay una buena perspectiva de la costa y en el horizonte un cono blanco asoma. No puede ser pienso mientras aparco la bici en el arcén y coloco la brújula sobre el mapa. No puede ser, y vuelvo a comprobar hasta convencerme de que lo que veo tras esas montañas es el monte Fuji a unos 180 Kilómetros en línea recta.(y yo que pensaba que le atierra era redonda)

El viento me empuja por la nacional, atravesando unos cuantos melonares. Avanzo casi sin esfuerzo, como si Emebeka decidiese que hoy no hace falta que pedalee, dejo atrás la península de Atsumi y llego a lago Hamama en la prefectura de Shizuoka y el monte Fuji esta vez mas grande vuelve a ser visible sobre las aguas del lago. Cruzo un largo puente entre el mar y el lago y sigo empujado por el viento hasta otro gran puente esta vez sobre la desembocadura del río Tenryu que vierte sus aguas desde el lago Suwa en Nagano. Salgo de la nacional y empiezo a recorrer un carril bici paralelo al mar.

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lago Hamana

lago Hamana

El sol está ya bastante bajo, dan las 5 de la tarde y Japón me regala una sorpresa. Las campanas de tres relojes diferentes(creo que son colegios) toca el himno de Japón al mismo tiempo. Suena un poco a destiempo porque estarán a un kilómetro un lugar de otro pero es un espectáculo singular siento como si mi vida tuviese banda sonora y una orquesta tocase tras los arboles mientras pedaleo junto a la playa o bajándome a empujar la bici para cruzar las dunas que invaden el camino. Poco a poco se hace de noche y no hay nadie, hace media hora parecía que se me saldría el corazón de felicidad al escuchar la música y ahora me siento sólo. Hoy no compartiré mesa con nadie.

camino sobre las dunas junto a la mar océana

camino sobre las dunas junto a la mar océana

Bajo hasta la playa a ver la puesta de sol dejo Que Emebeka descanse sobre la arena y me siento sobre la arena arena ondulada por el viento. Un zorro sale de entre las hierbas que crecen en las dunas. Se queda inmóvil, no está muy seguro de si lo he visto y yo no me muevo. Sigo miranda fija en otra dirección, al tiempo que vigilo usando como espejo las gafas apoyadas en la rodilla. Tras unos momentos de duda, se atreve por fin a salir de su escondite y camina a paso ligero por detrás de mi. Olisquea la arena caminando en zigzag en búsqueda de comida y se aleja por la playa. Me hubiera gustado cogerlo y abrazarlo, mimarlo mucho. Es que era tan pequeño con su hocico y sus orejillas.

Subo con esfuerzo a lo alto de una duna ya casi no se ve nada monto mi tienda y entro a dentro a resguardarme del viento que arrecia con más fuerza que durante el día. No tengo sueño(no me extraña ayer me pasé el día entero durmiendo) pero me meto en el saco y escribo en el diario hasta que el cansancio me vence.

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