35ª Etapa: Una noche en Nara

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Lunes 29 de Diciembre del 2008

Taima-ji cerca de
Taima-ji cerca de

De vuelta del baño aún medio dormido, contemplo mi tienda está completamente congelada, parece que dormí dentro de una nevera. El cielo está azul y todo indica que hará un día estupendo, pero por la noche las temperaturas bajaron de cero y todo está blanco. Mientras saco mis cosas de la tienda vienen a visitarme mis vecinos, y hablamos mientras guardo mis cosas en las alforjas,  y las monto en la bici.

Salgo por fin después de esperar a que la tienda  se secase (no quiero que se pudra, la estoy usando más de lo que pensaba) y ruedo los primeros kilómetros del día por la nacional, bebiéndome unos botes de yakult. Hace días que no tengo problemas con la rueda trasera, (toco madera) pero eso no quiere decir que me pueda relajar así que cuando veo una tienda de bicis en la carretera me paro a ver si puedo conseguir unos radios de repuesto.

Cuando me acerco veo que están de limpieza, dos empleados un chico y una chica limpian las manchas de grasa del suelo mientras el que por los ademanes parece el jefe rocía con un spryi las manchas mas evidentes.

-Buenos días- le digo al dueño que me mira sonriente mientras se acerca a la puerta.

-¿Tendrían radios de esta medida?- señalo la rueda de la bici.

Sin perder la sonrisa el hombre sale hasta la calle y niega con la cabeza.

-¿Es de 700? Si, 700- mientras hecha un vistazo a la rueda.

-un momento voy a preguntar- y saca del bolsillo el movil-

-¿hola? oye, que te iba a decir ¿tu sabes si Hirano sigue abierto?- lo flipo mientras me pregunta si tengo un trozo de papel.  La conversación de teléfono ya había cambiado por completo mientras me dibujaba un croquis en papel. Termina de hablar por teléfono y me explica que es la tienda de un hombre mayor que es más que probable que el si que tenga los radios que busco.

Unos cuantos kilómetros después llego al centro de Kashihara, e intento relacionar el croquis con la ciudad, pero no consigo orientarme así que recurro a la sabiduría local y pregunto a un vendedor de lotería que desde su caseta aburrido, 100 metros mas allá en una calle estrecha cerca del típico paso a nivel con barreras a nivel de calle hay un pequeño taller desordenado lleno de bicis colgadas del techo. Unas letras rojas en el cristal del escaparate me terminan de confirmar que estoy en el sitio adecuado. El señor Hirano sale con un caballete para que deje la bici pero yo lo digo que sólo voy a comprar unos radios, se frena.

-Toma el caballete que esto va llevar tiempo- y desaparece en el interior de la tienda, mientras yo me quedo mirando las bicis y descubro una foto, del señor Hirano mucho más joven en el desierto con una bici. Me acerco a mirar con mas detalle y descubro la bici entre las diez o quince que hay colgadas.

El señor Hirano sale del almacén con una caja llena de cajas de radios y empieza a sacar y a comparar con los de mi bici. Mientras tanto yo le pregunto por la foto, y descubro que fue tomada cuando el tenía mi edad en un viaje que hizo por china.

Me habría gustado quedarme a hablar sobre ese viaje pero se me hace demasiado tarde y quiero llegar cuanto antes que no quiero que me pase como ayer.

Emprendo mi búsqueda del albergue de esa ciudad sin demasiado exito, doy vueltas durante media hasta que doy con el albergue. Llamo al timbre y sale a recibirme un hombre, le pregunto si tienen cama para esta noche, pero la suerte no está conmigo (en realidad ya me habían avistado en Tokushima que estos días estaría todo lleno por el fin de año) como noto una actitud amistosa en el señor del albergue le pido que llame a los albergues de Nara, que no está demasiado lejos. Uno estaba cerrado pero en el otro había sitio así que después de formalizar mi reserva y dar las gracias pedaleo en dirección a Nara por la nacional.

Este puede que sea uno de los tramos mas feos de todo el viaje, lleno almacenes y tiendas grandes. Como no me despisto nada y es hasta el terreno es cuesta abajo en seguida estoy en la estación de Nara. Hacía mucho tiempo que no veía turistas occidentales.

Sabrás que estás en Nara por las tapas de las alcantarillas.
Sabrás que estás en Nara por las tapas de las alcantarillas.

No faltaba mucho para que se hiciese de noche cuando empujé la pesada puerta de cristal para entrar en el albergue. No me extraña que hubiese camas libres, es un edificio enorme.

Ya instalado en mi habitación y después de cenar, comparto unas cervezas con dos de mis compañeros de habitación, un Canadiense que da clases de inglés en un colegio en Hokkaido y un Alemán que estudia el arte del bonsai en Tokio. Charlamos hasta las once de la noche, hora en la que se supone que todo el mundo ha de estar en sus habitaciones según las normas e este albergue y me voy a mi litera a dormir.


Ver “スソの旅” Vuelta Japón en bicicleta en un mapa más grande

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