29ª Etapa: Una siesta antes de llegar a Uwajima

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Martes 23 de Diciembre del 2008

Tumbado en mi hera hago un esfuerzo por no dormirme antes de zarpar.

Tumbado en mi hera hago un esfuerzo por no dormirme antes de zarpar.

Despierto en mi litera, me visto todo lo rápido que mi atontamiento mañanil me permite.  Bajo hasta el comedor y desayuno un ramen que tenía perdido por las alforjas. Despierto a mi bici, y juntos vamos hasta la terminal de ferry.

Dejo mi bici candada en una barandilla a la entrada de la terminal, y espero a que llegue Atsushi-san, que quiere despedirse. Espero un buen rato hasta que se acerca la hora, empiezo a sospechar que no le va a dar tiempo a llegar. Compro mi billete, y salgo a la calle fuera dos taxistas esperan a que llegue el barco procedente de la isla de Shikoku. Mientras tanto uno de ellos se dedica a alimentar a las gaviotas y el otro, encera y saca brillo a su taxi.

Lo coches que hace cola para entrar en el barco empiezan a arrancar motores y yo desato la bici. Ya estaba montado en la bici cuando aparece Atsushi, otra vez tarde. Nos hacemos unas fotos frente al ferry nos despedimos y yo me adentré en el interior de la bodega del barco.

Un estibador me señala un lugar junto a una moto y yo giro hacia ese lugar mientras asiento con la cabeza en señal de conformidad. Saco algunas cosas de la bici mientras amarran mi bici.

En cubierta descubro algo muy japonés, el suelo esta dividido en cuadros,  separados por pasillos, la gente se descalza y se sienta tranquilamente en esos cuadros enmoquetados. Me deshago de mi calzado y me hago con una diminuta almohada cuadrada para aguantar mi cabeza. Los motores del barco arrancan y el run-run suena a nana.

Cuando recupero la consciencia ya se ve la costa de Shikoku por las ventanas, y apenas quedan unos minutos para que lleguemos a tierra. Por los altavoces una voz femenina insta a los pasajeros a regresar a sus vehículos y supongo que yo también entro dentro de ese conjunto así que bajo a respirar un poco de humo de tubo de escape, algo muy apropiado para mi incipiente dolor de cabeza.

Tras un rato de  espera las compuertas se abre y los empleados de la naviera empiezan a dar paso a los coches luego a los autobuses luego a los camiones, luego a la moto, y por último yo.

Hago una entrada triunfal en la isla de Shikoku, solo falta que a parte de mi alguien más se de cuenta.

El viento me quita las telarañas de los ojos y me abre un profundo agujero en el estómago que tapo como puedo en una pequeña y oscura tienda regentada por una señora mayor. Que me da un poco de conversación y animos para llegar a lo alto del puerto de Kasagi.

Miles de islas me alegran la vista desde el alto de Kasagi

Miles de islas me alegran la vista desde el alto de Kasagi

Afortunadamente para mis piernas no hay mas obstáculos hasta Uwajima y empieza mi búsqueda del albergue. Hago una primera aproximación tomando como referencia mi mapa, aunque la escala es demasiado grande. Luego saco la guia de albergues e intento descifrar el croquis que trae en la casilla del albergue de Uwajima, sigo un par de indicaciones y desisto, mientras empujo la bici busco alguien a quien preguntar, cuando de una casa con jardín sale un precioso labrador con unas chanclas en la boca. Tras el travieso animal una mujer corre semi-desesperada. Al llegar el animal a la calle me interpongo en su camino con los brazos abiertos mientras sujeto la bici con el culo. El animal desconcertado para en seco.

¡Guauf! ladra el perro, y labrador que ladra bocado que pierde.

Casi sin dar tiempo a que la chancla llegue al suelo la señora la agarra y sujeta al perro del collar que aun me ladra.

-Muchas gracias- dice inclinandose.

-Un animal precioso- digo mientras recupero el manillar de la bici y me acerco hacia la acera.

Mientras todo esto ocurría otra señora sale de la casa hasta ponerse a la altura de la dueña del perro.

-Estoy buscando el albergue, ¿podría indicarme si voy por buen camino?-digo esforzándome por preguntar correctamente.

La dueña del perro comienza a darme indicaciones mientras la otra mujer, esconde una risa nerviosa tras su mano. Sorprendidos, los dos la miramos, y entre risas.

-Es que habla muy bien- y no nos consigue dar mas explicaciones.

-Muchas gracias- respondo, en días como hoy que no estoy seguro de hacia donde voy es muy útil, y mi viaje es mil veces más divertido gracias a que hablo un poco de japonés. La conversación continua unos minutos mas hasta que el perro y las señoras pierden el interés y yo continúo hasta el albergue.

En la ficha de la guía de albergues tendrían que advertir que para llegar a este edificio hay que escalar un puerto de categoría especial una cosa así como un Angliru del lejano oriente.

estoy haciendo una foto pero en realidad disimulo que necesito un respiro.

estoy haciendo una foto pero en realidad disimulo que necesito un respiro.

Llego al albergue aparco la bici junto a un muro y abro la puerta.

-¡Buenas tardes!, ¿hay alguien?- digo desde el genkan, casi inmediatamente escucho unos pasos, y aparece un niño de 3 o 4 años.

-¿Están papa o mama en casa?- le pregunto sonrriente mientras me agacho para estar a su altura.

-Pueeees, papa esta en casa de no sequien y mama….- antes de que el niño me contase toda su vida sin venir a cuento aparece un señor con una barba rara y después de limpiarse las manos en el mandil agarra al niño para contener su vervorrea y me da la bienvenida.

Después de dejar mis cosas dentro del albergue bajo a hacer un poco de turismo, sin poder quitarme la sonrisa de la cara gracias al niño. Gracias a la gravedad lleno en poco tiempo a la entrada de la colina del castillo. Aparco la bici y cruzo una puerta, y empiezo a subir escalones de piedra desiguales. Bastante por encima de los tejados de las casas empiezan a adelantarme chicos con uniforme de baseball. Eso ya es de por sí un poco raro para mi, pero es que todos y cada uno, se paran un instante se inclinan y me dan las buenas tardes haciendo malabares intestinales para no sacar el estómago por la boca sigo sin pausa y siguen adelantando me chavales, en total unos 20 o 25 y todos me saludaron.

Llego hasta lo alto de la colina justo cuando empezaban a bajar los chavales.

-!Ánimo! les grito a los últimos de la fila, sonrientes  inclinan la cabeza y desaparecen entre los árboles.

la torre en lo alto de la colina de marras.

la torre en lo alto de la colina de marras.

Disfruto de las vistas un rato y regreso junto a mi bici y voy a visitar otro de los lugares turisticos de la ciudad que coincide que está en el camino de vuelta, es el templo de Uwatsukihiko, del siglo VIII (total nada).

Mientras ceno y ojeo panfletos y me doy cuenta de que la ciudad des famosa por los toros, tiene grácia que nadie me dijese nada, con la brasa que me dan cuando se enteran de que soy español. Por lo visto varias veces al año meten a dos toros en una plaza y dejan que se peleen hasta que uno de los dos se da por vencido. Es una tradición muy antigua, que aún hoy sigue en buena forma, una pena que no pueda verlo, aunque ya sería demasiada casualidad.

demonio toro

demonio toro


Ver “スソの旅” Vuelta Japón en bicicleta en un mapa más grande

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