28ª Etapa: Doctor en Alaska

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Sábado 20 de Diciembre del 2008

Yufuin

El esfuerzo de ayer me pasa factura esta mañana en forma de unas terribles agujetas. Casi no puedo salir de la cama. Y veo las estrellas sólo con levantar un poco la rodilla para dar un paso. Intento aliviar un poco mis dolores, dándome un buen baño en el Onsen. Pero es inútil estoy para el arrastre.

Por lo menos hace buen tiempo. Cuando salgo del albergue, después de que me cantasen una serenata, (no es coña) ya está bañando el sol la pequeña ciudad de Yufuin, hace frío bastante frío y de casi todas las alcantarillas sale vapor de agua.

Bajo hasta la estación de tren en búsqueda de una tienda de bicis a ver si puedo hacerme con unos radios que la rueda trasera vuelve a dar signos de agotamiento, y los 4 kilos de kakis que me reglaron ayer no están haciendo sentando nada bien. Enseguida doy con el típico taller de bicis y ciclomotores oscuro y diminuto habitado por un pequeño hombre ataviado con un mandil grasiento. Un personaje simpatiquísimo pero lamentablemente no me resulta de demasiada ayuda. Amablemente me quita una de las zapatas de la pinza del freno trasero para que no me frene, porque ya oscila bastante la rueda. y me con paciencia y buen humor me indica una tienda de bicis en Beppu.

Mientras me disponía a desayunar por segunda vez y a hacer acopio de víveres en un conbini. Ocurre algo muy inusual. Un hombre con un mapa en la mano me pregunta como ir a “nosedonde”. Supongo que estaba demasiado preocupado tratando de orientarse como fijarse en a quien le estaba preguntando.

-Lo siento, no se donde está Ese lugar- le respondo después de poner en riesgo mi vida para tragarme el trozo de melón pan que tenía en la boca lo más rápido posible.

Noto como sus ojos me miran con complicidad, posiblemente eramos las dos personas mas personas mas perdidas del lugar, solo seguidos de cerca por la que supongo fuese su señora sentada dentro del coche.

Me niego a no resultarle de ayuda a este señor, así que miro con atención su mapa, y por casualidades del destino me doy cuenta de que es una edición del mismo que yo uso así que aunque no puedo indicarle hacia donde ha de ir si que puedo extender mi dedo indice y con seguridad señalar.

-Esto de aquí es el conbini en el que estamos ahora.- Asiente el señor mientras levanto mi mano con gesto colombino y le indico.

-Aquel semáforo del fondo es el de este cruce, y esta carretera verde, es esta que sigue por allá-

El señor me muestra su agradecimiento con una cortés reverencia y yo como héroe crepuscular, irradio la satisfacción que me proporciona salvar al mundo, mientras doy cuenta de lo que queda de mi melón pan apoyado en una cabina de teléfonos verde.

Me monto y continuo en mi patético estado en dirección a Beppu. En el momento que la carretera se pone un poco cesta arriba yo empiezo a sufrir, y a los 2 kilòmetros mas o menos empiezan la ascensión al puerto que separa Yufuin de Beppu. Hago lo que puedo por mantenerme en pié sobre la bicicleta pero ella se empeña en no darme tregua y la rueda trasera se tuerce tanto que roza el cuadro, obligándome a desmontar y empujar cuesta arriba. En medio de una recta no demasiado lejos de coronar el puerto una destartalada camioneta Nissan me adelanta y se para justo delante de mi. Se abre la puerta y un hombre occidental alto y delgado y con el pelo claro se baja de la furgoneta.

-Necesitas ayuda – me grita en inglés mientras camina a grandes zancadas hacia mi.

-Trato de llegar a Beppu para arreglar mi bici- Le contesto asombrado de tener tanta suerte.

-Pues ya te queda muy poco para llegar a lo alto del puerto- Me dice sonriente mientras apoya un brazo en en uno de los laterales de la caja de su camioneta.-Si quieres te acerco hasta Beppu, yo voy hasta Oita y me queda de paso-

-Te lo agradezco un montón, así no pierdo casi todo el día en llegar a Beppu- Le contesto realmente aliviado de no tener que terminar de subir aquella cuesta.

Entre los dos subimos mi bici a la caja y yo me monto en el asiento del acompañante. Llegamos en un pispás a Beppu y hacemos una parada junto a una tienda de bici que conocía de vista mi rescatador Joe. Como es bastante habitual el mecánico niega con la cabeza al preguntarle si tiene radios de mi medida. Los dos volvemos a la furgoneta y parlamentamos. Al final decido acompañar a Joe hasta Oita y dejar la bici en una tienda de confianza que el conoce y donde donde está seguro no habrá problemas. Diez minutos después estábamos aparcando junto al puerto deportivo de Oita y subiendo unas escaleras de madera entrando en la tienda de bicis de moda. Todo de madera y muy fashion, el techo lleno de llantas de bicis colgadas y las paredes tapizadas de diferentes piezas de bicis. Yo paso hasta el fondo a hablar con el mecánico y Joe se va a comprar una hamburguesa, hablamos de mis problemas un rato y decido radiar la rueda otra vez con los radios más gruesos que tiene ya que está claro que casi la mitad de los que puse antes están tocado del pequeño accidente con el pulpo que se me soltó el día de la etapa de Saga. Dejo la bici y mis cosas en el taller y acompaño a Joe a ayudarle a cargar leña que era el propósito de su visita.

Él, hamburguesa en mano conduce hasta un solar en las afueras donde nos espera un simpático japones y su montón de leña para ser cargado. Los dos amigos me cuentas sus batallas de viejos lobos de mar, mientras los tres cargamos a mano la leña. Durante el proceso descubro que Joe está como un cencerro pero es un saxofonista nacido en Alaska totalmente inofensivo pero muy gracioso. Con nuestro cargamento de madera volvemos a la tienda de bicis nos hacemos una foto en la que parecemos expulsados de una prisión.

Joe y yo frente a Roppo

Joe y yo frente a Roppo

Recupero mi bici en forma para por lo menos mil kilómetros. Me despido de Joe que se ofrece a acogerme en su casa y monto en mi bici en dirección a Beppu por la orilla del mar.

Mientras me apresuraba para no llegar demasiado tarde y así tener mas posibilidades de poder tomar algún ferry. Me llama Atsushi-san con el que supuestamente había quedado hoy y me dejó mas colgao que una sartén en una cocina, para que me acerque a su universidad el lunes por la mañana (hoy es Sábado). Abro mi mapa y empiezo a investigar en que lugar me puedo quedar a dormir esta noche que no esté demasiado lejos. Pronto identifico entre la nube balnearios un camping bastante cerca del centro de Beppu y como sonriente me dirijo hacia la puesta del sol acompañado por el ruido del mar que seguro que suena enmascarado por el rugido de los coches que abarrotan la carretera. Al llegar a la ciudad, me doy cuenta de error de principiante que acabo de cometer. No fijarme en las curvas de nivel (en mi defensa tengo que decir que son casi invisibles). Empecinado en mi error comienzo a subir las cuestas de Beppu. A pesar de que cada pedalada es un un suplicio empiezo a ganar altura sobre Beppu y a dejar atrás las últimas casas. Cuando la carretera entra en un bosque y me doy cuenta deque casi es de noche. No lo voy a conseguir, paro en el borde de la carretera y me paro a pensar que hacer. Miro a un lado y a otro y decido coger la bici, saltar un talud y montar la tienda en el monte. El sitio no podría ser mas incómodo creo que hay mil piedras a cual mas puntiaguda debajo de la tienda pero me conformo por lo menos es llano y no llueve, por ahora.

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