27ª Etapa: Marejada y mar de fondo.

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Viernes 19 de Diciembre del 2008

sorbete de monte Aso

Los ladridos de los perros me despiertan en plena noche. Saco el brazo para encender la linterna y el aire frío que entra en el saco me pone la carne de gallina. Enciendo la linterna y me doy cuenta de que estoy tiritando. Intento mirar la hora en el cuentakilómetros pero está estropeado.

-Qué raro- Pienso- No hace ni un año que lo compré.

Vuelvo a meter el brazo dentro del saco y entonces me doy cuenta. La tienda está congelada. Alumbro a la botella de acuarios que dejé junto a la puerta y la empujo. Está casi completamente congelada. Apago la linterna y me resguardo dentro del saco. Busco dentro del bolsillo interior del saco el telefono para ver la hora. Son las 2 de la mañana y hace un frio terrible. A este paso como baje un poco más la temperatura no voy a poder dormir.

Me armo de coraje y corro la cremallera del saco de un tirón abro las alforjas y saco toda la ropa.

La coloco debajo de la estera para aislarme del suelo todo lo posible. Me vuelvo a meter en el saco lo cierro completamente y empiezo a frotarme las manos y los pies para intentar volver a entrar en calor. Me castañetean los dientes durante unos minutos hasta que consigo dominar el frío aunque aún tengo todos los músculos tensos. Hasta pasada media hora que consigo entrar en calor y quedarme dormido.

MBK Xelá

Con el alba puedo ver las pequeñas perlas de hielo que se formaron en el techo de la tienda y el tono blanquecino que le da la escarcha a la tela de la tienda. Sin pensármelo demasiado, abro el saco me visto devuelvo la ropa a las alforjas me calzo y abro la tienda. Todo está completamente blanco. Una gruesa capa de escarcha lo cubre todo como si hubiese nevado. Salgo de la tienda y me pongo en pié Todos los perros están hecho un ovillo en diferentes sitios. Uno de ellos, el mas cariñoso conmigo alza la cabeza y mueve el rabo, el resto solo mueven una oreja.

El cielo está completamente despejado excepto por la columna de vapor que sale de uno de los volcanes. Saco la cámara de fotos y voy hasta una especie de torre a sacar algunas fotos del amanecer. Mientras camino noto como cruje la hierba bajo mis botas, subo despacio a una plataforma de madera y empiezo a hacer algunas fotos. Aún no había salido el sol cuando se atasca la cámara. No puede ser, es la segunda cámara que se me estropea. Esto me pasa por usar cámaras mas viejas que yo.

Resignado vuelvo a mi campamento. Los perros vienen a consolarme mientras hago unas fotos con el móvil para dejar constancia del frío que pasé esta noche. Antes de recoger todo y limpiar la escarcha de la bici.

Me despido de mis anfitriones caninos y voy a desayunar algo caliente al Seven-Eleven que hay en la nacional.

vista de la caldera del volcán

vista de la caldera del volcán

El lugar estaba bastante concurrido. Colegiales con sus uniformes azul marino entraban y salían de la tienda charlando alegres, envueltos en las pequeñas nubes de vapor de sus conversaciones.

El borde del cráter hace que me olvide rápidamente del frío y después de varias vueltas y cientos de metros mas arriba llego a un mirador desde el que se puede ver casi todo el interior de la caldera del monte Aso. Este sólo es el primer puerto del día.

Hasta llegar a las primeras rampas del puerto de Makinoto (el segundo del día) la carretera es un infierno de subidas y bajadas que acaban con mis nervios y con mi piernas. Empiezo el ascenso con la moral por los suelos. Cada minuto que pasa parece una eternidad y la próxima curva siempre está demasiado arriba y demasiado lejos. Me tomo varios respiros para descansar y contemplar el paisaje. No me extraña que sea un parque natural, el paisaje es precioso. En cuanto el sudor deja de empañare la vista dejo de odiar las colinas que tanto me hurgaron la paciencia antes y que ahora, des de la distancia y a vista de pájaro parecen una inocente alfombra arrugada.

Sigo con mi agoníca ascensión ya sin agua ni comida, cuando en una de las miles de curvas de este puerto, a pocos kilómetros de la cumbre, aparcado fuera de la carretera, hay un puesto de kakis. Sentada bajo una sombrilla una señora me hace señas para que me acerque, y yo usando lo poco que me queda de dignidad me incorporo y pedaleo hasta ella. Aún no había llegado a su altura cuando empieza a escoger los kakis más grandes del montón para dármelos. Mientras me como el kaki mas grande y dulce del mundo la señora llena una bolsa de plástico con unos cuantos kakis hablamos un poco y guardo en las alforjas tan preciado tesoro.

cielo azul entre volcanes

cielo azul entre volcanes

Un buen rato después corono por fin el puerto de Makinoto a 1330m sobre el nivel del mar. Me siento en aquel desolado paraje a comer otro kaki y me preparo para la bajada por la cara norte del puerto.

La carretera está helada en bastantes lugares y tengo que bajar con pies de plomo, además no da el sol y hace mucho frío. Pero por lo menos no tengo que pedalear. En seguida se acaba lo bueno y después de comer en un restaurante de carretera empiezo la ascensión del tercer puerto del día antes de bajar hasta Yufuin donde me espera un albergue y un baño en las aguas termales que brotan por todos lados.

Descenso del puerto de Makinoto

Descenso del puerto de Makinoto

Como casi siempre para llegar al albergue hay que subir una buena cuesta, parece que el día que mas cansado estoy mas arriba está el albergue.

Después de arrastrar la bici y el resto de mis órganos vitales unos cuantos kilómetros (en realidad sólo unos 400m desde el centro de Yufuin) llego al albergue, entro y sale Rio-san a atenderme. Ya habíamos hablado por teléfono a mediodía durante una de mis múltiples paradas para recuperar los pulmones. Mientras rellenaba mis datos personales en una tarjeta, concentrado en escribir mi nombre en japonés. Rio-san me dice -¿Que deportes te gustan?

Levanto la vista pienso y respondo. -Pues el ciclismo, el baloncesto, la formula uno…-

-Y ¿Porque no el futbol?- me responde en inglés, aunque antes me había dicho que hablo muy bien japonés y que casi no se había dado cuenta de que era extrajero por el teléfono.

Intento justificarme como puedo, y antes de poder articular una respuesta coherente:

-Es que casi todos los días hay actividades y hoy toca fútbol, ¿Estarías interesado en participar?-

-La verdad es que estoy bastante cansado, pero me lo pensaré.- Le contesté mientras me quitaba mis playeros para ponerme una de las sandalias que había en la entrada para andar por fuera.

Terminé de meter mi equipaje y me di un baño en una bañera gigante de piedra llena de agua muy muy caliente y volví a mi alcoba a cambiarme.

En un sorprendente cambio de humor decido que ya basta de ser un sosuno insociable, así que salgo al pasillo y le digo a Rio-san que cuente conmigo para ir a jugar al fútbol.

Ya era de noche cuando Rio-san mi compañero de habitación Daisuke-san y yo montamos en una furgoneta cuatro por cuatro hasta un polideportivo. Dentro había mas gente unas veinte personas chicos y chicas de mas o menos mi edad. Hicimos varios equipos y jugamos alegremente al futbol sala hasta casi las once de la noche.

Pensé morir de agotamiento, y de vergüenza porque los dioses del fútbol se divierten haciendo que yo parezca patético jugando. Ya de vuelta en el albergue Rio-san y Daisuke-san fueron a darse un baño y yo me metí en la cama para terminar con la tortura y descansar en paz.

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