24ª Etapa: “Nagasaki y yo con estos pelos”

admin Post in 2008-2009, susonotabi,Tags: , , , , , , ,
3

Martes 16 de Diciembre del 2008

Nagasaki

Un agradable olor a café recién hecho, se mezcla con la voz de la chica del tiempo atrapada frente a una fotografía hortera dentro de la tele. Medio dormido, me froto los ojos y bostezo sentado a la mesa en el comedor. Toda la familia va de lado a lado cada uno pendiente de sus cosas mientras lucho por comer mi cuenco de arroz sin que se me caiga de los palillos.

El cielo azul y todo al rededor está blanquecino por la escarcha, mientras cargo las alforjas. Bajo por la empinada carretera entre las columnas de vapor salen de los balnearios escondidos entre los árboles de la colina.

En los lugares donde aún no da el sol hasta los semáforos parecen entumecidos por el frío. Aún no me había dado tiempo a aburrirme cuando noto la parte trasera inestable. En el aparcamiento de un restaurante cerrado descubro que se soltó una de las varillas del porta-bultos.

Seguro que se aflojó poco a poco desde antes de ayer. Nervioso, doy vueltas pensando de donde voy a sacar ahora un tornillo. En agachado frente a la bici empiezo a buscar. Saco las herramientas, y desatornillo una de las tuercas de la puntera del pedal. La coloco en lugar del tornillo desaparecido y continúo la marcha.

Llego hasta el límite de la prefectura de Nagasaki en lo alto de un pequeño puerto y me dejo bajar hasta el mar de Japón. La carretera sigue por la orilla del mar entre aldeas, playas restaurantes y hoteles. Embelesado con el paisaje intermitente entre camión y camión, escucho el característico “clonk” que hace un radio cuando se rompe. Estoy a medio camino, con que la rueda aguante hasta Nagasaki me basta. Sigo con calma por un terreno llano y agradable cuando vuelve a partirse otro radio me bajo de la bici a mirar y esta vez se partieron tres radios de golpe y me quedan 30 Km para llegar a Nagasaki. Resignado empiezo a empujar la bici cuesta arriba dejando el aeropuerto a la espalda llego a lo alto de una colina y bajo por un ramal de la nacional en dirección a un pueblo. A ver si tengo suerte.

Antes de llegar a la altura de los primeros edificios, un coche me adelanta y para en un vado delante de mi. La puerta de abre y se baja un hombre de mediana edad con un par de latas de café. Juntos tomamos bebemos una lata cada uno y charlamos un poco, yo le cuento mis aventuras, el me deja su tarjeta y se va, no sin antes regalarme otra lata de café. Continúo por aquella interminable calle, pregunto en varios sitios y consigo dar con el taller de bicis local. Como no podía ser de otra manera muy cerca de la estación de tren un montón de chatarra amontonada delante de la puerta hace las veces de cartel. Me asomo entre el amasijo de cuadros de bicis y ruedas oxidadas y retorcidas. Entre tinieblas un hombre con un mono lleno de grasa destripa un scooter.

Sale aque hombre hasta la calle a ver que le pasa a mi bici.

-Tienes que ir a Nagasaki- me dice frotándose las manos con un trapo que guardaba en el bolsillo.

Ya estaba saliendo de aquella pequeña ciudad con las piernas un poco cansadas cuando se para junto a mi un ciclista poco habitual. Ochenta años tendría mas o menos, hablamos un poco y aprovecho a preguntarle si conoce algún sitio donde poder arreglar mi bici ya que veo que el monta una bici de carrera. Me explica como llegar aun sitio que no está muy lejos y continua. Yo sigo bajando y entro en la rampa siguiendo las indicaciones del abuelo ciclista.

En el fondo de la rampa me estaba esperando.

-No tengo nada que hacer así que te acompaño para que no te pierdas- Menos mal así no daré mil vueltas a lo tonto.

Mientras yo empujo mi bici el abuelo ciclista me cuenta sus peripecias juveniles en bici. Hasta que llegamos a la tienda que hace esquina en una calle no demasiado concurrida.

Tras un buen rato de conversación entre el abuelo y el mecánico me dejan por fín lista la bici y no solo eso que no me cobra nada por el arreglo.

De vuelta sobre mi bici y empiezo el ascenso del segundo puerto del día. Tras esta montaña Nagasaki y una cama espero.

Nagasaki

Durante la bajada se rompió otro radio más, esta claro que el pulpo que se enganchó en la rueda me la dejó tocada. Llego no sin esfuerzo al albergue que esta escondido dentro de un callejón, menos mal que un chico muy amable me ayudó a encontrarlo.

Abro la puerta y me recibe una señora mayor. Me deja un lápiz y la tarjeta para que rellene mis datos y se va corriendo diciendo no se que de la tele, pero no le hago mucho caso. Sinceramente estoy demasiado cansado después de mas de 80Km.

Estaba limpiando el polvo de las alforjas cuando la dueña pica a la puerta.

-¿Si?- digo mientras abro la puerta.

tarjeta de visita

-Los chicos de la NBC (la tele autonómica) están aquí- me responde sonriente.

¿Cómo? Un momento, entonces aquello que me dijiste y no te hice ni caso no era que querías ver una entrevista en la tele. Si no que si me importaba que me entrevistasen parla tele.

Bueno, que se le va a hacer a lo hecho pecho, y bajo las empinadas escaleras hasta una pequeña sala de estar donde está el cámara y el entrevistador.

Después de el intercambio de saludos, me pregunta mi opinión sobre un tema de actualidad “El Karoushi”(muerte por exceso de trabajo).

Después de un gran rato hablamos les enseño mi bici y mis cosas y nos despedimos.

Termino la increíble jornada sentado a la mesa con los dueños del albergue, el resto de huéspedes todo ello acompañado de un brebaje dulzón a base de sake caliente, que no me gusta demasiado.

« Prev: :Next »

3 Responses to “24ª Etapa: “Nagasaki y yo con estos pelos””

Leave a Reply