17ª Etapa: Descanso forzoso

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Domingo 7 de Diciembre del 2008

Foto finish

Hoy me toca descanso forzado, pues no tendré lista la bici hasta el lunes. Así que me lo tomo con calma y voy a dar una vuelta y a hacer muchas fotos del puente Kintakyou y de los jardines y templos que hay en el casco antiguo.

Después de varias horas vagando con mi cámara de fotos descubro un sendero en la ladera de la montaña sobre la que está el castillo. En teoría hay dos maneras oficiales de subir a lo alto de la montaña, por un teleférico o por el camino que comienza justo donde el albergue. Pero por el medio del monte también parece que se puede subir. Asciendo zigzagueando entre los árboles hasta llegar cerca de la estación del teleférico donde espera la gente paciente a que llegue la cabina para bajar. Contemplo las vistas y sigo hacia la torre del castillo. Del edificio original ya sólo quedan parte de los muros exteriores y un foso seco, algo poco habitual en los castillos japoneses. La torre que se alza e el castillo es una reproducción de hormigón que contiene una exposición permanente de armas, sobretodo espadas y armaduras.

Un detalle en concreto me llamó la atención. En uno de los parques que hay cerca del puente Kintaikyo hay una estatua de un hombre joven con un sable enórme. Ayer cuando vi esta estatua por primera vez, pensé que era una exageración del artista para destacas la juventud de este héroe local. Pero dentro de la torre, tras una vitrina, se expone es misma espada y tiene el mismo tamaño que la de la estatua.

Como Iwakuni es un lugar relativamente turístico no llamo demasiado la atención pero aun así tengo alguna que otra corta conversación con otros visitantes curiosos. Bajo caminando tranquilamente, y andando también hasta el supermercado, luego al banco a sacar dinero y no me queda mucho más que hacer. Así que despues de pasar por los puestos de comida y comer Takoyaki (trozos de pulpo rebozados con forma de bolas) vuelvo al albergue y paso lo que me resta de tarde leyendo tranquilamente en mi habitación.

Lunes 8 de Diciembre del 2008

Despierto temprano con ganas de continuar la marcha, recojo todas mis cosas, me visto y bajo mi equipaje a la entrada. Estoy bajando ya las últimas cosas, cuando sale la dueña de la trastienda con el teléfono en la mano. La bici no estará lista hasta mañana. Supongo que no les llegarán las piezas hasta por la tarde. Bueno sea como sea me queda otro día de descanso forzado. Vuelvo a subir mis cosas hasta mi habitación y salgo de nuevo a dar un largo paseo de varias horas. Esta vez por el centro de la ciudad. Pierdo el tiempo mientras miro escaparates como chucherías y un par de veces charlo con algún jubilado casi tan aburrido como yo. De nuevo al mediodía vuelvo al albergue que ya es casi como mi casa, de hecho hasta me dijeron donde esconden la llave por si no están en casa y quiero entrar.
Hoy no estoy yo solo en la biblioteca esta tarde después del colegio vinieron a jugar la hija de los dueños y dos amigas. Prácticamente no se dan cuenta de mi presencia hasta que se cansan de jugar a la wi.
-¿Puedes leer Japones?- pregunta la mas curiosa de las tres, al verme mirar el periódico fijamente.
-Intento descifrar el tiempo que hará mañana- Digo mientras niego con la cabeza.
-Dejame ver- se acerca a mi mesa y gira el periódico, y me explica que significa cada cosa. Después de que una niña de 12 años me enseñe como saber que tiempo hará mañana sin tener que esperar a que amanezca o preguntar a los jubilados subo a mi habitación leo un poco y me voy a dormir.

Martes 9 de Diciembre del 2008

Hoy hace un mes que comenzó el viaje y tal como advertía el periódico del día anterior llueve. Triste y cabizbajo cruzo el río con mi paraguas prestado. Voy a recoger mi bici, a hacer algo de compra y a cambiar un poco de dinero.
No para de llover, en todo el día y termino sentado en un sillón de la biblioteca, leyendo manga y actualizando mi diario. No puedo ver la tele porque para entender lo que dicen tengo que prestarle demasiada atención y a los 15 minutos ya estoy agotado. A parte no echan nada lo suficientemente interesante como para que merezca el esfuerzo.

Desde ayer cinco trabajadores chinos duermen en el albergue, pero no hablan japonés con lo que nuestra comunicación se limita a una sonrisa y una pequeña reverencia. Lo gracioso del grupo es que siempre van en modo furtivo. Caminan con tanto cuidado que , mientras estoy concentrado en mi lectura descifrando bocadillo a bocadillo los misterios del manga. Sin percatarme, muy despacio con cuidado de no hacer ruido con las zapatillas sobre la moqueta uno de los chinos entra en la biblioteca.
-Jeje, mi presencia ha pasado desapercibida- Piensa y una leve sonrisa se dibuja en su rostro.
Poco a poco se desliza hasta llegar a uno de los sillones y se sienta con cuidado. El crujido del mimbre bajo el “peso chino”, me descorcha de mi lectura.
-!Cagüen las pitas de Grao que susto! Digo, al tiempo que levanto la vista y me entero de que no estoy solo. Mientras me doy unas descargas con mi desfibrilador portatil ver si recupero el pulso

El chino me mira con una sonrisa de oreja a oreja y el otro un poco mas lejos se prepara una taza de té. Me río de mi mismo un buen rato mientras coloco en su sitio los libros que saqué esta tarde subo a mi habitación hago la cama y a dormir.

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