16ª Etapa: La isla de Miyajima

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Jueves 4 de Diciembre de 2008

15ª Etapa

Esa mañana también tenía un sitio reservado en la mesa con las chinas para desayunar, el problema es que a parte del desayuno que había encargado en el albergue también tenía un tazón de arroz y pin, una especie de torta que compartían conmigo. El conjunto era más comida de la que podía comer, y aunque intenté compartir parte de mi desayuno con ellas, apenas si comieron un poco de tomate de la ensalada y una salchicha. Dejándome para mi el huevo la ensalada, la fruta… en definitiva, mucha comida.

Mientras yo terminaba de desayunar, llegó la profesora de Japonés de las chinas una chica muy sonriente que habló con ellas mientra recogían los cacharros unas y fregaban otras.

Ya me estaba tomando una taza de te para bajar el atracón cuando se fueron todas a la sala de reuniones a clase. Yo subí a mi cuarto a recoger mis bártulos y después de montar todo en la bici volví a despedirme de todas. Subí unas escaleras y me asome a la puerta de la sala de reuniones, todas las chicas estaban con la cabeza baja escribiendo en sus cuadernos, la profesora me vio y asiente con la cabeza. Supongo que me esté dando permiso para entrar a despedirme. Abro la puerta y casi todas giran la cabeza.
-Ya me voy, muchas gracias, me lo he pasado muy bien con vosotras, sayonara-
-¡Sayonara!- dicen todas al unísono mientras nos decimos adiós con la mano, me giro bajo las escaleras y salgo del albergue.

Bajo la colina del albergue mientas los colegiales van al colegio en dirección contraria, sigo el cauce del rió, en dirección al mar en búsqueda de la nacional 2 para salir de la ciudad, y vuelvo a pasar por la cúpula atómica y el parque de la paz. Me encuentro con algún que otro problema para cruzar una vía del tren pero, es difícil perderse cuando tienes seguir en la misma dirección que una autopista elevada sobre pilares. A media mañana estoy Miyajimaguchi, puerta de acceso a la isla de Miyajima. A penas si hice 35 Km pero la isla merece toda la tarde, así que voy a ver si tengo suerte y puedo dejar mis cosas en el albergue. A penas a 200 metros del embarcadero del ferry está el albergue, la primera impresión es mala, y la segunda y la tercera…
dejo la bici a la entrada y cruzo una puerta de cristal dentro sentado en una mesa un hombre mayor con el pelo blanco largo atado en una coleta y una perilla blanca también larga, me da la bienvenida, me aseguro de que sea el albergue y pregunto si hay sitio dormir y si puedo dejar mis cosas dentro hasta que vuelva por la tarde.

Dejo mi bici dentro, en el piso de abajo en lo que podría ser recepción y el comedor si no fuese por la cantidad de cosas que hay en ese lugar que no encajan ese contexto, empezando por mi bici.

15ª Etapa

Saco mi cámara de fotos y la chaqueta y voy a coger el ferry, que está en una plaza muy animada llena de restaurantes que ofrecen ostras, la especialidad local que crece en las bateas que flotan en las tranquilas aguas del canal que se forma entre las dos islas.

Monto por primera vez en ferry, y después de unos minutos y un pequeño paseo por delante de los templos, el ferry atraca en el puerto de Miyajima. Paseo con calma por las calles del pueblo llenas de tiendas de souvenirs, y hostales de estilo Japonés para los miles de turistas que visitan la isla. El pueblo termina a unos pocos metros de la entrada del complejo de templos y monasterios. Se entra pasando por debajo de una gran “tori” de piedra. Llego a un pequeño parque lleno de turistas haciéndose fotos con los ciervos que están acostumbrados a la gente, y a que les den comida. Visito durante horas los templos, y me impresiona sobretodo uno que está incompleto con lo que puedo admirar la estructura que en otros lugares es imposible ver por que los interiores se suelen encontrar en plena oscuridad. Hago muchas fotos de las pagodas, y hago un amigo, se trata de un conservador con el que hablo un gran cacho y me cuela a ver los recuerdos de la visita del Dalailama en el interior de una pagoda.

Después de varias horas ya estoy cansado de caminar así que vuelvo a Miyajimaguchi, me compro la cena y vuelvo al albergue. Subo a mi habitación que no está mucho mejor que el piso de abajo, ceno y aprovecho la única ventaja que tiene este albergue. Tiene Wifi. Reviso los cientos de correos acumulados estas semanas, y a dormir.

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