13ª Etapa: Mi bosque de bambú

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Domingo 30 de Noviembre

10ª Etapa

Hoy ya desde por la mañana se ponen las cosas un poco cuesta arriba. Mientras subo una rampa para subir a un puente, se rompe un radio y mi rueda comienza a oscilar un poco. Después se levanta algo de viento en contra haciendo que me cueste bastante trabajo llegar a Kasaoka, una pequeña villa en la que hay un albergue. Con calma recorro el paseo marítimo buscando un lugar por el que cruzar las vías del tren. Continúo en busca de un lugar por el que cruzar al otro lado cuando me topo con un semáforo y la señal de que se termina el pueblo. No me lo puedo creer, hay que salir del pueblo para cruzar las vías. Mientras espero a que el semáforo se ponga en verde hecho un vistazo al mapa, y decido que mejor me acerco a Fukuyama a ver que tal.

La nacional me guía por el centro de la ciudad hasta una gran plaza donde está la estación escoltada por dos centros comerciales. Mientras busco un lugar en el que dejar mi bici, una veintena de personas con camisetas de color naranja se manifiestan a la entrada de la estación. La mitad de los manifestantes son ciegos que con sus algunos y sus perros lazarillos, pasean sus demandas en pancartas, reparten panfletos, y un hombre subido a una silla plegable a modo de pedestal, lanza un discurso amplificado por un megáfono.

Entro en la estación, y busco entre los carteles que cuelgan del techo alguna pista sobre donde está la oficina de información. Pero hoy la suerte no está conmigo y ya no es que no me atiendan ni siquiera se dignó en sacar las páginas amarillas cuando le pregunté por una tienda de bicis donde poder arreglar la rueda.
Salgo bastante cabreado, y decido que no volveré a entrar en otra oficina de información turística. Vuelvo hasta mi bici y mientras como algo abro el mapa, parece que la mejor opción es volver atrás y desandar los 20 Km hay de Fukuyama a Kasaoka. Me esfuerzo bastante para llegar lo antes posible y consigo cruzar las vías a eso de las 3 de la tarde. Me acerco a donde más o menos creo yo que está Albergue y llamo por teléfono, a ver si pueden darme indicaciones.
Responde una señora. Yo me esfuerzo en comentarle que estoy cerca pero que no logro encontrarlo. Entonces me da la mala noticia. Los domingos cierran por descanso. Aunque me comenta que si voy hasta el puerto, puedo coger un transbordador a una pequeña isla a pocos Km de la costa.
Antes de dar un paso más llamo por teléfono y como no podía ser de otra manera también están cerrados por descanso. Ya no me quedan demasiadas opciones y menos tiempo, así que miro el mapa, en busca de una carretera que se adentre en los bosques que hay en las montañas del interior en busca de un sitio donde montar mi tienda.

Después de empujar mi bici durante un buen rato llego a lo alto de una colina, al otro lado la ruidosa autopista que discurre paralela a mi ruta. Investigo la vía de servicio como posible lugar de acampada pero no es demasiado discreto. Vuelvo unos metros atrás a tomar algo en unas máquinas que hay en mitad de la nada (algo que ya no me sorprende) y descubro un estrecho sendero que se adentra en el bosque. Sigo ese estrecho camino hasta un cobertizo lleno de leña y un poco más arriba un pequeño llano en medio del denso bosque de bambú. Abro mi tienda entre los tallos y empiezo a buscar por los alrededores algo de leña para hacer un poco de fuego y así estar entretenido hasta que dé la hora de dormir. Mientras recojo leña descubro un pequeño embalse de agua abandonado. Posiblemente el llano sobre el que está puesta mi tienda fuese en otro tiempo una terraza para plantar arroz y aquí se almacenaba el agua necesaria para encharcar el campo. No tengo más tiempo para seguir investigando por que ya es de noche, así que vuelvo a la tienda y empiezo a encender el fuego. Tarea dura esta de encender el fuego. Puesto que todo está mojado y no encuentro nada que usar como yesca en ningún lado. Además ya es de noche y eso no facilita las cosas. Al final arranco la corteza de uno de los palos que previamente había recolectado y uso las pocas fibras secas de la cara interna de la corteza par prender unos palillos que hice abriendo otra rama con la navaja. Después de unos cuantos intentos, la madera empezó a arder y pronto tuve un minúsculo fuego en un agujero cavado en el suelo.

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