12ª Etapa: 1000 Km

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Sábado 29 de Noviembre

Apenas si se veía cuando salí de la tienda, para empezar a recoger mis cosas.

-¡Buenos días!- me dice el vigilante mientras yo cierro mis alforjas.

-Buenos días- le contesto.

-Hoy también hace frío- me dice, -Siento no poder ofrecerle nada más pero si quiere le invito a una taza de café- dice mientras señala hacia la puerta de la oficina en la que pasó la noche.

-Muchas gracias, se agradece tomar algo caliente con este frío. Además mientras tanto se seca un poco el rocío que hay en la tienda.- le contesto mientras cierro la mosquitera de la tienda, para que no entren bichos mientras tomamos el café.

Sentados en dos sillas de oficina esperamos a que el café instantáneo se disuelva y se enfríe un poco. Nos reímos, Mientras tomamos el café y le cuento mi encuentro con la fauna local la noche anterior. Le agradezco la hospitalidad una vez más y salgo a doblar al tienda para terminar de montar mi equipaje y despedirme de Junko-san.

Vuelvo a estar en la habitual ruta hacia el Oeste subiendo y bajando colinas, atravesando aldeas bosques y arrozales. Pero hoy estoy pendiente del cuentakilómetros. A los pocos metros de regresar a la ajetreada nacional 2 aparece una cuarta cifra en el total de mi cuentakilómetros. Ya son mil kilómetros de carreteras, caminos, bosques, ríos, puentes, canales, pagodas, monasterios, y mucha gente que se para a preguntarme de donde vengo y hacia donde voy, de donde soy y como es que hablo Japonés. Hoy me da la impresión de que esto ya es algo serio. Me tomo un pequeño descanso para celebrar el momento, dejo la bici apoyada en una señal de tráfico y me siento en el bordillo, a ver como suben la cuesta los camones que con sus extravagantes decoraciones parecen las carrozas de un desfile. Aunque por la velocidad a la que circulan parece que llegan tarde a la fiesta.

Después de unas colinas y unos túneles llegue a Inabe, donde según mi guía había una oficina de turismo en la estación de tren. Claro pero primero tendría que encontrar un lugar para llegar a la estación, aunque visto de cerca mejor usar la palabra apeadero. Después de unos momentos de duda decido que será mejor probar suerte en Okayama que es una ciudad mas grande y capital de prefectura (provincia).

Subo por las escaleras mecánicas que dan acceso a la planta principal de la estación y me acerco al mostrador de información. A la derecha, una chica con uniforme de la empresa de ferrocarril, sentada bajo un cartel que reza información trenes JR. A la izquierda un asiento vacío bajo el cartel de información turística.

-Buenas tardes. ¿Es aquí el mostrador de información turística?- Pregunto a la chica de uniforme.

-Si, Pero mi compañera ha salido a comer y no regresará hasta dentro de media hora mas o menos. ¿Que desea? Igual yo le puedo ayudar. Me contesta al tiempo que se incorpora y se acerca hasta la mesa de su compañera.

-Busco un camping para pasar esta noche-

-Pero, en esta época los campings no están abiertos- Me responde incrédula.

Pues esta noche dormí en un sitio que se parece mucho a un camping abierto, pienso, mientras abro mi mapa por la lista de campings de la prefectura de Okayama.

-Según el mapa estos dos están abiertos todo el año. ¿No podría conseguirme el teléfono para poder estar seguro?- Digo mientras giro mi guia hacia ella señalando los nombres de los campings.

Ella agarra con cuidado mi guía para bajarla hasta la mesa y saca un grueso listín de teléfonos. Después de un buen rato de pasar las delgadas hojas verdes del listín, apunta en un post-it varios teléfonos. No me atrevo a pedirle que llame ella por mi puesto que en realidad no está haciendo su trabajo. Así que voy a sentarme a un banco a llamar por teléfono. Efectivamente están abiertos pero los dos cierran demasiado pronto, y no me da tiempo a llegar. Vuelvo a abrir el mapa en busca de respuestas. Se me había pasado un lugar por alto así que decido volver a acercarme al mostrador. La chica de la información turística ya estaba de vuelta de comer. Pregunto por el número de teléfono aunque tras una breve llamada descubro que en este tampoco podrá ser.

Salgo de la estación un poco enfadado por la indiferencia en la oficina, vuelvo junto a mi bici, me siento en un bordillo, con la guía sobre las rodillas en busca de una solución y para mis sorpresa descubro una errata en el mapa. Pero es una buena noticia porque simplemente falta el simbolito del Albergue de Kurashiki a unos 25 Km.

Un buen rato después y tras dar un par de vueltas junto a los canales y los jardines de Kurashiki, encaro una rampa que da acceso a una solitaria colina en medio de la ciudad. Después de ascender unos cuantos metros y dejar atrás unos ruinosos apartamentos, el camino continua atravesando un cementerio. La necrópolis se asoma a la ciudad en medio de un laberinto de terrazas, escaleras y pasillos. Lápidas pequeñas y esculturas del tamaño de enanos de jardín le dan un aspecto cómico a un lugar tan serio. Doblo una esquina y llego al aparcamiento del albergue. Contemplo los tejados de la ciudad mientras se encienden las luces de los grandes carteles publicitarios sobre las azoteas de los edificios que escoltan la estación.

Entro con mis bártulos, me descalzo y me acerco al mostrador. Hago sonar el timbre que hay en recepción y sale una señora de detrás de una cortina granate, a juego con el color de las paredes del hall. Mientras me registro me pregunta por mi viaje, y le cuento que hoy celebro los primeros 1000 Km. No parece demasiado impresionada, y con esas me voy a dejar mi equipaje a mi habitación.

Después de un buen baño voy al comedor a cenar mi obento, me siento armado con unos palillos y una taza de te caliente. De la cocina sale la señora de antes ataviada con mandil y y un gorro de cocinero en la cabeza trae consigo una gran manzana roja. Se acerca hasta mi mesa y me dice: Esto es para celebrar los mil kilómetros. Le doy las gracias, y devoro a mordiscos.

Después de mi cena me quedo a charlar con algunos de los otros huéspedes, a los que les pido consejo sobre que lugares debería visitar en mi camino hacia el oeste de Japón. Me recomiendan que visite una isla que hay cerca de Hiroshima, Miajima. Tomo nota en mi mapa del lugar y voy a la cama.

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