8ª Etapa: Osaka

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Sábado 22 de Noviembre.

Enfundado en mi chubasquero, desciendo entre los brumosos bosques que rodean Kioto. A las afueras de Kioto, se suma el tráfico a mis compañeros el frío y la lluvia. Arrastro mi caparazón de semáforo en semáforo, sacando de vez en cuando un papel húmedo mil veces doblado donde la noche anterior me escribieron indicaciones y recomendaciones para llegar a Osaka.

Un cartel separa Kioto de Osaka y decenas de suburbios kilométricos salpicados de interminables semáforos obstaculizan mi avance probando el límite de mi paciencia. Agotado de tanto parar y arrancar llego a Shin Osaka al norte de Osaka, y empiezo a buscar el albergue. Doy varias vueltas a la misma manzana convencido de que tendría que estar all.í Miro a derecha e izquierda, escudriño todos los edificios sistemáticamente. Al final cansado de dar vueltas me acerco a una garita de policía y mientras escalo un bordillo, reflejado en la luna de un escaparate, veo cinco o seis banderas con el logo del Hostelinginternational. Detrás de mi, un rascacielos de acero y cristal habitado por restaurantes, hoteles, oficinas y tiendas. Ahí se escondía  mi catre.

Las puertas del ascensor se abren mostrándome el mostrador de recepción. Paciente, espero a que terminen de atender a dos chicas y entonces reclamo mi lugar. Pero no, definitivamente la suerte no está de mi parte, no quedan plazas para seres humanos de sexo masculino. En mi cabeza empieza a dibujarse la imagen de un ruidoso puente bajo el que dormiré, arropado por las luces de la ciudad.

Sentado con el mapa sobre los muslos, dejo caer las migas de un “melón pan” en el mapa. Mientras tanto, mi dedo índice se topa con otro albergue en un gran parque a cinco kilómetros. Me preparo a probar suerte y si no hay plaza montare mi tienda en el cesped del parque.

Milagrosamente entre las poco iluminadas calles encuentro mi camino y a golpe de linterna de manivela arrastro mis posesiones hasta la puerta del albergue del parque de Ryoukichi. La puerta de cristal se abre, entro hasta donde se puede entrar calzado y la suerte me sonríe al fin, no sólo hay plaza en el dormitorio si no que es más barato que el alberque de Shin Osaka. Hago la colada, hablo con mis compañeros de cuarto y a dormir que mañana me enfrentaré cara a cara al tráfico de la segunda ciudad mas grande de Japón.

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