8ª Etapa: Mareas de gente.

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Domingo 23 de Noviembre

Se Traspasa

Duermo en la parte baja de la litera más cercana a la ventana y sobre mi alguien con el sueño muy pesado. A las 6 de la mañana suena el vibrador de su móvil y pienso: ¿alguien le está llamando? A las 6:10 otra vez suena el vibrador y así sucesivamente cada diez minutos pone a prueba mi paciencia el despertador del vecino de arriba.

No consigo madrugar aunque el vibrador insistiese hasta las 7 de la mañana y cuando por fín monto en la bici me noto con las piernas un poco agarrotadas. Casi como si estuviese incubando una gripe.


Llego al centro de Osaka más o menos rápido y recuperado de las malas sensaciones. No puedo evitar bajar de la bici par poder ver mejor los rascacielos mirando hacia arriba con la boca abierta. Paseo junto a la estación de Osaka. Me siento a ver como entran y salen cientos de personas por las puertas de la estación, aunque también podríamos llamarlo centro comercial donde paran muchos trenes.


Después de navegar esos mares de humanidad, viajo en el tiempo y me acerco al castillo de Osaka. La mole es absolutamente impresionante. El foso bien podría ser un canal por el que navegan barcos y los muros son tan altos que parece que la tierra se haya partido por ese lugar dejando al descubierto la roca desnuda. Aparco mi MBK junto a un grupo de pintores retratando el castillo a la sombra de unos árboles y cruzo un puente rodeado de muchos turistas que como yo miramos a todos lados, con asombrados ojos domingueros, las extravagantes dimisiones del castillo.


Un cuarto de hora después de cruzar el foso llego a la torre. No, en realidad llego a la taquilla donde se venden las entradas para el museo de la torre del castillo. Después de subir ocho pisos por las escaleras llego al mirador que hay en lo alto de la torre y disfruto de la panorámica de la ciudad. Los rascacielos, que ya no parecen tan grandes, reflejan el azul del cielo, mientras aviones cruzan sin parar sobre la ciudad en dirección al aeropuerto que hay al norte de Osaka, cerca de mi albergue.


La colección del museo me gustó mucho aunque las guías no lo recomienden demasiado. Hay mucho material audiovisual que yo puedo entender mas o menos, muchos documentos originales de los personajes relacionados con el castillo y también objetos de estos como armaduras, puñales, espadas, ropa etc. De entre todas las cosas, me impresionó un mural donde se representan los hechos de una batalla ocurrida en la edad media, el cual pude disfrutar plenamente gracias a unos videos con explicaciones de cada escena.


Después de mi más larga de lo esperado visita al icono de Osaka, me encuentro con una amiga con la que hablo por internet y con quien puse a punto mi japonés antes de aterrizar en este viaje. Nos tomamos un café en un Starbucks y narro todas mis aventuras hasta la fecha.


Vuelvo hacia el albergue pedaleando con ganas y contento de pedalear sin lastre. Pero por alguna razón no encuentro el albergue, doy un par de vueltas hasta que finalmente encuentro a un hombre recogiendo las hojas de los árboles. Le pregunto, y muy amable me acompaña hasta donde se puede ver la luz del albergue.


Después de la cena y del baño, ya en mi habitación hablo con mis compañeros. Descubro que mi vecino de arriba, el del sueño pesado, es un estudiante de cine que está escribiendo el guión de una película. Hablamos un gran rato de cine, de cine español y a la cama. Cuando ya estaba tapado con la manta recuerdo que no le dije nada de la alarma de su móvil. Espero que no pase lo mismo mañana por la mañana.

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