7ª Etapa: De vuelta a Omori.

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Viernes 21 de Noviembre.

Tokio Skyline

Yagi-san y yo salimos hacia su camioneta temprano, él estaba hablador esta mañana y nada mas salir de casa, al ver un enorme canal de hormigón, empieza a contarme historias de cómo eran las cosas antes de la crisis.

Mientras subimos la bici otra vez a la caja del camión me dice-Había obras inútiles por todos lados, y trabajo para todo el mundo-. Refiriéndose al canal que discurre junto a su casa. Eran los tiempos de la burbuja inmobiliaria. Pronto varía el objeto de las críticas de Yagi-san al ver un coche patrulla en la carretera.

-Son unos vagos sólo hacen algo si pasa algo que conmocione a la sociedad y atraiga la atención de los medios de comunicación. Japón es el paraíso de los ladrones, sentencia.

Pronto aparece la siguiente victima ordenando el tráfico en unas obras en la carretera.

-El dueño de esa empresa de guardias de seguridad, es un mafioso, ¿los sabías?- me pregunta mientras esperamos que nos den paso -Cómo lo vas a saber si eres extranjero. Después de estar tirados en la carretera por una miseria, se lo gastan todo en las tragaperras, les tienen comido el tarro, son el negocio redondo- suspira mientras el camión reanuda la marcha. -Hay mucha gente pobre en Japón- me dice. -Gente que no tiene donde caerse muerto, trabajando por 600 yenes la hora, o peor aún, recogiendo latas para venderlas por una miseria. Personas que sólo encuentran trabajo temporal a media jornada y pasan la noche hacinados en cibercafés abiertos las 24 horas-. Esa conversación la terminamos desayunando en una cafetería en Kioto, y con la barriga llena, nos despedimos, yo a perderme un poco por Kioto y Yagi-san a sus cosas.

Reflexiono sobre todo lo que me contó Yagi-san mientras miro de reojo a la gente que vive debajo de los puentes en pleno Kioto, pasan tan desapercibidos entre todos esos cartones bajo sus techos de plásticos azules, cruzo un puente para ir a visitar el Heian Jingu uno de los muchos templos patrimonio de la humanidad en el centro, y pienso que a esta hora puede que haya alguien durmiendo debajo. Ato mi bici junto a la entrada del templo paseo por los jardines y contemplo un buen rato al resto de visitantes.

Me pierdo a propósito por las callejuelas llenas de pequeñas tiendas de todo tipo visito los alrededores del palacio imperial y me tengo que volver ya para Omori. En el camino de vuelta llueve un poco, no lo suficiente para empaparme pero sí lo suficiente como para molestarme. De vuelta en Omori pesimista esperaba encontrarme la tienda inundada, abro la cremallera y mato sin contemplaciones una araña que se convirtió en pelusa bajo mi zapato, ceno, me despido del baño, planifico mi ruta hacia Osaka y a dormir.

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