6ª Etapa: Adios al lago Biwa

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Lunes 17 de Noviembre

Comienzo el ritual del día con la rutina habitual. Desmonto el tenderete, cargo la bicicleta, y me despido de los empleados del camping.

Estoy más sólo que la una en un carril bici muy bien asfaltado, limpio y aunque  el paisaje es un poco diferente de la otra orilla, y hay veces que me parece estar viendo un manglar, ya empiezo a estar un poco cansado del Lago. El camino no discurre del todo paralelo al lago y practicamente no hay desnivel. Lo único interesante de la zona son los molinos de viento estilo holandés y paro de contar porque llego al final del carril bici.

Continuo por unas carreteras locales entre casas de planta baja, pequeños negocios y cruzando canales llenos de lanchas aparcadas. De vez en cuando me cruzo con alguien pero la temporada baja se nota, porque parece todo abandonado.

Se terminan las carreteras locales y el camino se hace mucho más incómodo por la nacional 161 dirección Otsu. Agobiado por el ruido de los coches y los camiones, un templo me sorprende aparcado a un lado de la carretera. Me paro al otro lado de la carretera y sin bajarme de la bici apoyando una alforja contra un muro observo como reza la gente. Una pareja  compra una gran botella de sake, y juntos cruzan la carretera frente a mi sin prestarme atención, bajan unas escaleras hasta la orilla del lago y frente a una gran tori de piedra en medio del agua vierten todo el contenido de la  botella.

Lago de Mercurio 水銀 琵琶湖 Mercury Lake

Aún con buen sabor de boca después de ver un poco de actividad me sorprende un pinchazo en la rueda trasera, la que más da la vara cambiar. El contratiempo me detiene en medio de un pueblo lleno de casas de dos plantas. Camino hasta un parque quito las alforjas saco la rueda y cambio la cámara por otra que traía de repuesto, mientras una madre pasea a su bebé al otro lado del parque. Voy al baño y cuando salgo desde lo alto veo pasar un minibus con carteles de un partido político, me quedo embobado mirando y escuchando el extraño espectáculo cuando el político en persona se asoma por una ventanilla y me saluda. Me dan ganas de girar la cabeza para ver si hay alguien mas detrás pero no estoy yo sólo. Antes de que pudiese corresponderle desapareció entre las casas.

Un buen rato mas tarde busco infructuosamente un Albergue a pocos Kilómetros de Otsu, y como no es muy tarde decido ir hasta un albergue al norte de Kyoto. Decido ir por una ruta bastante directa hacia el albergue, según mi mapa, que resulta ser muy poco adecuada, subo por una carretera estrecha entre casas de construcción tradicional con sus tapias y jardines. De vez en cuando algun perro nota mi presencia, mientras empujo la bici cuestarriba, después de un buen rato subiendo y sudando un poco me un callejón sin salida. Por lo menos las vistas son muy bonitas. Doy media vuelta después de preguntar a una mujer de paseo.

Regreso a la incomoda nacional, hacia al albergue por donde me habían indicado. Paso una nube de jubilados desembarcando de una flota de autobuses turisteando los jardines otoñales de los templos de esa zona. Noto que estoy acercandome al albergue cuando la carretera se pones cuestarriba y en mi ascensión una señora muy mayor con paso poco firme me para. Me pide que la acompañe hasta un buzón que hay unos 100 metros mas arriba,  así que juntos caminamos hasta el buzón yo aún muy sorprendido, y ella bastante fatigada usando el manillar de mi bici para agarrarse. Yo insistí que no era necesario que fuese hasta el buzón que yo metería la carta pero ella cambió de tema llamandome guapo, aunque yo tardé en enterarme un rato. Nos separamos junto al buzón y nos dijimos adiós.

No estaba nada claro donde estaba el Albergue así que entre en el primer sitio que me pareció adecuado, por supuesto no era ese lugar, de una puerta salió otra señora muy anciana que cojeando con su bastón me acompañó hasta cerca del Albergue no hasta arriba del todo porque se cansaba la pobre mujer, pero esperó a que encontrase la puerta. Después de mi segunda experiencia geriatrica, entro por la puerta, y desde la entrada me hago oir. Sumimasen! dareka imasu ka? ¡Disculpen! ¿hay alguien? digo en mi mejor Japonés y al reclamo de mi voz sale el tercer anciano del día y un empleado del albergue. Desafortunadamente el Albergue estará completo por unos días me dice así que no me quedan muchas opciones.

Vuelvo por donde vine y me esfuerzo por llegar al lugar del primer albergue, sigo sin encontrarlo y puede ser porque están reformandolo. En el fondo no es tan grabe en un bar junto al lago pregunto donde puedo acampar y me dan permiso para acampar en el cesped de delante de su aparcamiento, es un buen lugar con baño y unas máquinas por si me da un poco de hambre. Hoy entre pitos y flautas casi hago 100 kilómetros y eso se nota en lo rápido que me quedo dormido.

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