5ª Etapa: Rumbo Sur

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Sábado 15 de Noviembre

Son menos de las 8 de la mañana, cuando 30 metros de Buda me dan el alto. Me mira por encima del hombro desde un pedestal de granito como una casa de alto. Bajo los pies de la estatua, una pequeña capilla llena de velas, arroja lucecillas amarillentas a lo que parece un pasadizo secreto hacia una cámara del tesoro. Frente a mi metálico amigo, un templo vacío, no son horas de rezar.

Rodeando el lugar, un hermoso jardín poblado de arces, pinos y lo que puede que sean hermosas flores en primavera. Por supuesto tampoco falta un estanque, con sus plantas acuaticas de serie. Es muy temprano, y no hay nadie a quien preguntar sobre el lugar que seguro es importante a juzgar por el tamaño de la imagen y tengo que regresar a españa para enterarme de que se trata del gran buda del lago biwa “琵琶湖大仏”.

Desayno junto a la torre del castillo de Nagahama, primer bastión del famoso Toyotomi Hieyasu, cuando sólo era un general rebelde. Los cuervos me miran e increpan con sus impertinentes graznidos mientras descanso sobre un banco de “Fuji color”(フジコラ) acompañado por una maquina de refrescos de coca cola, junto a un decrépito puesto de comida rápida. Cuelgan junto a las persianas oxidadas las descoloridas tablillas con el menú y los precios. Consigo entender algunos de los platos achinando los ojos y leyendo uno por uno los caracteres.-Bolitas de pulto…arroz con curri…

Alcanzo el final de la orilla oriental del lago tras la ascensión de unas colinas rematadas por un estrecho túnel aplastado por la maleza y las tinieblas del bosque. Paso por las calles de una pequeña villa y veo a través de las ventanas de un colegio que no hay niños sentados en clase. Antes de cambiar de rumbo y viajar hacia el sur. Junto a unos campos de arroz inundados, me saluda un grupo de moteros mientras disfrutan de la sinuosa carrera del norte de Shiga.

El camino está salpicado de negocios abandonados, con las ventanas rotas, los muros mohosos, musgo creciendo frente a las puertas y los tejados a punto de caerse entre las paredes. Paro a ver como pescan en sus barcas y continuo por una carretera secundaria que da puntadas a un manto de árboles que llegan hasta el agua.  Son las 12 del mediodía y llego muy temprano a donde tenía pensado pasar la noche. Se nota que no hubo ningun contratiempo. Escudriño mi mapa y con la moral por las nubes me planteo tirar hasta cerca de Kyoto. Pero al pasar por Makino un cartel que dice “Makino sunny beach camping” que por su aspecto cumple con mis expectativas de higiene corporal, ya me va haciendo falta una ducha, me hace cambiar de idea. Mis oraciones fueron escuchadas y me doy una ducha de 5 gloriosos minutos tras introducir varias monedas de 100 yenes, descubro los placeres del retrete estilo japonés, que no es lo mismo que un retrete japonés estilo occidental, y el cansancio hizo que lo que quedaba de día fuese un suspiro.

Domingo 16 de Noviembre.

A las dos y media de la mañana me despierta la lluvia. Con mi mejor pijama, armado con mis chanclas de goma y mi linterna de manivela. Resguardo mi bici bajo el techo del lavadero regresando a mi lecho no sin antes asegurarme de que no hay charcos junto a la tienda. Al día siguiente aun lloviznaba. Corrí hasta recepción a pedir con mi mejor japones una azada para asegurar que no se acumulase agua bajo mi tienda, y a notificarles que hoy sería mi primera jornada de descanso. No pude hacer mucho más que leer un manga medio empapado que me encontré bajo un árbol, hablar con un señor muy raro que paseaba su perro y contemplar como se van yendo los demás campistas, desde un banco frente a los baños. Por la tarde, la mejoría del tiempo permite que disfrute de andar en bici sin mi pesado equipaje. Otra actividad fascinante fue sacar punta a mi diminuto lápiz de IKEA gastado de actualizar el diario. En resumen, que no olvidaré fácilmente este día.

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