4ª Etapa: Burrocracia.

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13 de Noviembre.

Mi tienda, a pocos metros de la orilla es un gran escondite para observar los patos. Lástima que los animalitos no opinen lo mismo. Paciente, espero por los primeros rayos de sol. Observo los patos a través del objetivo de mi cámara y poco a poco el sol se eleva y poco a poco los patos se alejan.

Me apresuro para tratar las heridas de mi montura, mientras el sol ilumina la superficie del lago. Ya era hora punta en el agua. Decenas de barcos iban y venían. De la otra orilla, de las islas o de las bateas. Atravieso en silencio los campos de arroz mientras una garza en una acequia pesca un pececillo. Alza el vuelo y se cruza por delante de mi arrogante, restregándome su captura.

Haiku

La tienda del día anterior hoy está llena de actividad, un chico alto y delgado se afana en doblar cajas grandes de cartón mientras me bajo de la bici y la dejo apoyada en la pared. Mi llegada produce una conmoción en el negocio. Después de una corta conversación con este primer chico sale otro empleado de dentro y buscando entre los tres soluciones problemas a las averías de mi bici, mientras a mi se me crea uno financiero. Las reparaciones me dejan casi sin dinero así que tendré que cambiar algunos euros antes de continuar la marcha.

Me aproximo con buen ánimo mi objetivo, el banco Kotoshin, un lugar acogedor lleno de viejecillos nipones armados hasta las dentaduras de bastones y libretas de ahorro, y el máximo exponente de la etiqueta nipona tras el mostrador. Una legión de uniformadas empleadas bancarias corretean por un laberinto de ordenadores ficheros. Mientras los indiferentes clientes esperan su turno. Rápidamente soy interceptado por la vanguardia. El soldado no sabe muy bien que hacer, decide esperar a recibir ordenes precisas de sus superiores.

-Lamentamos haberle hecho esperar, lo sentimos señor pero en el Banco de Shiga no cambiamos Euros.- Me dice inclinándose varias veces en señal de disculpa.

Había perdido la primera batalla pero esto no podría quedar así y antes de poder contraatacar, ya me estaba indicando indicando la salida mientras me decía.

-Puede preguntar en el banco Shiga…- irguiéndose victoriosa sobre mi cadáver. Había leído todos mis movimientos, y no había dejado ningún hueco en su defensa era el momento de dar el golpe de gracia.

-¿El banco Shiga? ¿Podría indicarme donde está?-

-Si, solo tiene que cruzar la carretera.- dice mientras con la mirada y un gesto de su dedo señala hacia la nacional a través de la ventana. Supe entonces que desde el principio la derrota era inevitable.

No había visto el banco, bueno, si lo había visto pero gracias a mi analfabetismo, no tenía ni idea de que eso era un banco.

Las puertas de cristal del banco se abren. Varias amas de casa teclean en los cajeros automáticos que hay a la entrada, mientras me dirijo hacia el interior del edificio. Nuevamente, me interceptan pero esta vez me entrego sin ofrecer resistencia.  Se aseguran de cuales son mis intenciones, me hacen esperar sentado. Mientras, se consultan unas a otras. El mensaje avanza por la cadena de mando hasta llegar al general, y la respuesta viaja de nuevo en dirección a mi mostrador. Empiezo a pensar que estoy dentro de Matrix, todas son iguales con su chaleco y su falda por las rodillas, el pelo recogido. Son los perfectos “soldados clon” y me han atrapado en su burocracia. No cambiarán mi dinero extranjero hasta dentro de un cuarto de hora. La puerta se niega abrirse. Tal vez aquel sensor de movimiento era el único que no se había percatado de mi presencia en aquella oficina. Estaba claro, sería su prisionero.

Supongo que hoy no hay tiempo para más. El día lo terminaré a cincuenta kilómetros de aquí, en Nagahama.

Sentado bajo unos pinos hago fotos de la puesta de sol. Mi saco de dormir me espera impaciente. Otra vez duermo en la playa. Por lo menos MBK está en forma.

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